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Opinión | EDITORIAL

Zaragoza

Un año más de espera en Sijena

El Tribunal Supremo emitió la sentencia que estaba llamada a poner fin a un litigio como el del retorno de las pinturas murales de Sijena dando la razón a Aragón

El 27 de mayo de 2025 el Tribunal Supremo emitió la sentencia que estaba llamada a poner fin a un litigio como el del retorno de las pinturas murales de Sijena al monasterio de donde nunca debieron salir, dando la razón a Aragón frente a la oposición frontal que durante décadas habían sostenido desde la Generalitat de Cataluña y el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC), que es donde aún hoy siguen alojados los bienes. El fallo del Alto Tribunal no dejaba lugar a esas retorcidas interpretaciones de la legalidad a las que siempre se han agarrado en la comunidad vecina para no acatar lo que la ley y el sentido común les lleva indicando desde hace décadas, con una larga travesía en los juzgados que habría agotado a cualquiera, salvo a quienes desde la DGA y desde el Monasterio de Sijena han defendido siempre que el tiempo les daría la razón.

Pero pese al veredicto final, y a que su firmeza cerraba la puerta a más escapatorias en los jugados, sí dejaba una rendija para estirar aún más el ya inevitable retorno de las pinturas murales. Y ya se sabe que tanto el MNAC como la Generalitat estas oportunidades las exprimen al máximo. El Supremo ordenaba el regreso de las pinturas, exigía al MNAC que se encargara de la operativa y del coste que ella conllevaría y le daba un plazo para ejecutar la sentencia.

Pero eso sí les dio oxígeno para estirar los plazos: primero poniendo en cuestión que ese traslado se pudiera llevar a cabo sin poner en peligro la integridad de esas obras de arte, después porque el plazo marcado siempre era insuficiente y por último sobre la duda de si finalmente serían capaces de hacerlo con sus propios medios o tendría que ser la DGA la que se ocupara de ese traslado. Todo ello aderezado, como siempre, por un sinfín de informes y declaraciones cruzadas, tanto de representantes políticos como de expertos, siempre de parte.

Al final, la fecha oficial para la entrega finaliza en mayo de 2027, o sea otro año más de espera y dos después de una sentencia del Supremo que parecía que iba a ser definitiva. La última novedad ha sido la impugnación por parte de Aragón del enésimo recurso presentado por el MNAC sobre los plazos para ejecutar el retorno.

Así es como este litigio, en principio, ya tiene fecha de caducidad, pero son tantos los atajos que busca Cataluña para retrasarlo que en el año que aún queda por delante no se puede descartar ninguna sorpresa. Un escenario de incertidumbre en el que el actual ministro de Cultura, Ernest Urtasun, también está teniendo un papel protagonista. Y es que sus silencios sobre esta cuestión dicen más que sus palabras. Porque alimenta la esperanza de quienes aún mantienen el objetivo de convertir una resolución judicial en un asunto de la política ejercida desde fuera de Cataluña contra Cataluña.

El titular del ministerio no puede esconder sus ataduras con una comunidad a la que está muy ligado, como miembro de la cúpula de Comuns y con su fuerte presencia e impulso institucional, cualquier posición a favor de los intereses de Aragón se interpretarían como un paso atrás en la defensa de los intereses de Cataluña, así que se aferra a la opinión de los técnicos, sin aclarar cuáles, con más firmeza que para exigir el mandato de una sentencia judicial que es clara, contundente y que le obliga como ministro a respetar y hacer cumplir. Aunque su papel no está siendo muy diferente en este asunto a quienes le precedieron en el cargo. Pero Sijena no rebla, las obras retornarán a su legítimo dueño. 

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