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Opinión | CON SENTIDO/SIN SENTIDO

De lobis y corderos

Decía recientemente Pablo Iglesias Turrión que el problema de la izquierda es que no ha logrado hacerse presente entre los poderes fácticos de España. Ni en la economía, ni en los medios de comunicación, ni en la judicatura, ni en las fuerzas de seguridad la izquierda más o menos alternativa no ha tenido ni tiene representantes relevantes. Tampoco las fuerzas sociales, los sindicatos o los partidos altersistémicos han logrado cuajar lobis que la derecha tiene en todos esos sectores estratégicos e influyentes. Cuando el PSOE se ha salido, con un Sánchez obligado a gobernar con su izquierda, del papel de «socialdemocracia asimilable» –encarnada por Felipe González y también Zapatero– esas fuerzas de lo que algunos llaman el Estado profundo se han activado en su contra y han dado dentelladas que Podemos y los independentistas catalanes ya habían probado… No vamos a justificar aquí los descuidos y errores de castin del actual PSOE que dejó pista libre a su triada trincona, o sus operaciones de amedrentar desde el partido a jueces y policías dignas de Mortadelo y Filemón (la Kitchen era mucho más «seria» y estatal), ni tampoco a San ZP con sus compañías tóxicas y sus negocietes con pasión filial… Sin embargo, los hechos están ahí.

El caso de David Sánchez, hermano del presidente español, tiene su paralelo en el de la hermana de Moreno Bonilla, pero este no ha sido judicializado. Los tiempos de la justicia son gestionados de manera muy distinta: los relacionados con el Gobierno y el PSOE con sorprendente celeridad, los de la corrupción del PP a marcha de caracol. La UCO y los juzgados van muy lentos con las causas judiciales del novio de la presidenta Ayuso: la de fraude fiscal y facturas falsas tenía una instrucción muy sencilla, pero el juicio no será hasta 2027, la de la mordida de medio millón para un directivo de Quirón… zzzzz. El de Cristobal Montoro, quizá el caso más grave de la democracia por haber montado un tinglado económico en el Ministerio de Hacienda (la zorra en el gallinero), aunque está incoado desde 2018 ni se ha citado al exministro a declarar ni se ha registrado su despacho, además ese gran retraso le beneficiará en una posible condena. Y qué decir de las filtraciones, que le han costado el puesto, inhabilitación y condena al último fiscal general y nada se investiga sobre los constantes oráculos revelando secretos de sumario por la boca de MAR, Feijóo u otras sibilas peperas. ¿Lawfare, conspiranoia, casualidad, «el que pueda hacer…»? O quizá tiene razón el citado Pablo Iglesias y la izquierda debía haber planificado su incidencia en el establishment

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