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Opinión | EL MIRADOR

Reflejo del tiempo transcurrido

El hábito de ser prácticos nos lleva a administrar el tiempo que nos pertenece, para contrarrestar aquel que se desgasta sin utilidad. Según avanza nuestra consciencia, ésta se suele activar para conectar con la realidad interna, por lo que nos da lugar a ser sabedores de que el tiempo es limitado, por lo tanto valioso. Sin entrar en definiciones claves de la física moderna, la relatividad del tiempo puede funcionar fluyendo en direcciones diferentes, por lo que la autonomía y la libertad propia se realizan según nuestras prioridades. Llegado a este punto de albedrío, implicaría a la evolución del espíritu existencialista, aludiendo a los que vivieron en la época de las vanguardias literarias interpretando, de muchas maneras, el significado de la condición humana. Jean Paul Sartre fue uno de los filósofos involucrados en la efectividad de la existencia, de los actos que determinan cómo somos, creando un fundamento de su comprensión o concepto de la realidad. La influyente filósofa Simone de Beauvoir tenía una visión clara de la identidad cuando la sintetizó en la conocida frase: «No se nace mujer: llega una a serlo», dando a entender que el género se construye a través de las acciones, la cultura y la sociedad; el significado de esta cita me lleva a una visión análoga cuando alguien que te conoce y te saluda de manera expresiva diciendo que te ve muy delgada, con lo cual ultimas la frase diciendo que has sido siempre delgada. Como se sabe por Sartre: «el ser humano primero existe y luego se define». Los actos son los que determinan quiénes somos en conexión con nuestros valores, unidos a las experiencias que tenemos, dando lugar al concepto de nuestras vidas.

Las vanguardias históricas nos dieron a conocer la significación de ruptura, de expresión liberada de lo tradicional con movimientos de innovación, de trasgresión, desarrollándose en la cultura literaria, musical y de las artes visuales, y sobre todo en el ámbito social. Con el paso del tiempo el experimentalismo siguió activado por la necesidad de reflexionar lo desconocido. Un ejemplo es la música de Erik Satie que se consideró pionera de la vanguardia existencialista, consiguiendo alterar las normas académicas mediante una naturalidad minimalista, cuya simplicidad (como era definida) nos lleva, si la escuchamos, a parámetros de apreciar y sentir una música reveladora. En cuanto a la pintura o la escultura, la fragilidad y la condición humana se describe en las obras tanto en las de Alberto Giacometti, con las esculturas de los hombres alienados, como en las pinturas de Francis Bacon, retratando la angustia, el aislamiento, incluyendo, en algunos casos, un tono irónico con cierto sarcasmo visceral, en cambio Wassily Kandinsky, pionero del arte abstracto, se basaba en emociones internas, valorando el arte como lenguaje que habla con la verdad de una realidad concreta. En las primeras décadas del siglo XX el desequilibrio social y la crítica política formaron parte de las obras de los artistas. La característica primordial era la libertad de expresión, rompiendo las convicciones dictadas del momento, dando una visión real del estado social y político. Después de muchas décadas las democracias liberales han llegado a un retroceso que no se sostienen, debilitando las instituciones y degradando el bienestar y la cultura social. Los artistas contemporáneos que han sido siempre considerados paradigmas de la libertad de expresión y del conocimiento, dada la situación actual, están dejado de ser ejemplos, acomodándose en recursos basados en espejos conocidos, en fuentes de la historia artística, si además se suma la escasez de exposiciones que fomentan la creatividad y la cultura, lo que lentamente estamos viendo es lo que queda y lo que desaparece. Como decía Kandinsky «Toda obra es hija de su tiempo...».

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