Opinión | EDITORIAL
Una ventana para negociar
En las últimas semanas, responsables políticos, de inteligencia y militares de Cuba y Estados Unidos han celebrado reuniones de alto nivel, lo que indica que se ha abierto una vía de diálogo entre ambos países para terminar con el bloqueo norteamericano de la isla e iniciar un proceso de democratización. Hace dos semanas, el director general de la CIA, John Ratclliffe, viajó a La Habana para reunirse con su homólogo, Ramón Romero Curbelo, y el pasado viernes, el general Francis Donovan, jefe del Comando Sur, se reunió también con mandos militares cubanos en los límites de la base de Guantánamo. Nunca se había producido algo semejante desde la revolución castrista de 1959 y el comienzo del bloqueo. Conviene constatar positivamente que se ha abierto una ventana de oportunidad para negociar pacíficamente un conflicto enquistado desde la guerra fría. La disposición de los líderes cubanos a negociar con la Administración Trump pone de manifiesto la apurada situación que vive la isla, sin combustible y con apagones que alcanzan las 22 horas en algunas zonas. El hecho de que altos mandos cubanos hayan aceptado estas reuniones a pesar de la imputación de Raúl Castro por un juez norteamericano, y mientras el portaaviones Nimitz esta fondeado delante de las costas de Cuba revela hasta qué punto su margen de maniobra es escaso y les conviene aprovechar la oportunidad.
Abandonados, en la práctica, por Rusia y China y amenazados por una revuelta popular durante el verano si se ahonda la crisis energética, los dirigentes de La Habana no tienen otra opción que negociar, dando señales inequívocas de una apertura democrática. Cualquier otra actitud supondría hoy un sufrimiento añadido e inútil para el pueblo cubano. Por su parte, la Administración Trump debe abandonar las posiciones maximalistas que anidan en círculos del exilio cubano de Miami. El recuerdo del fracaso de pasadas aventuras, como el intento de desembarco en Bahía de Cochinos, debe servir para descartar una vía militar. Y la singularidad de Cuba tampoco permite soñar en un cambio al estilo venezolano. Ni el régimen cubano ni la Administración norteamericana tienen derecho a hacer pagar a los cubanos el precio de una agonía interminable. Negociar es la única solución y para ello hay que sacarle provecho a la ventana de oportunidad que se ha abierto, sabiendo que no lo estará indefinidamente.
La reunión de este viernes es la primera de la que se tiene noticia en las últimas décadas entre un jefe del Comando Sur y representantes militares cubanos en suelo de la isla. Como parte de la campaña de presión, el presidente estadounidense, Donald Trump, ha llegado a insinuar la posibilidad de tomar la isla por la fuerza. Desde este mes, el Pentágono mantiene desplegado el portaaviones Nimitz en aguas internacionales en el Caribe, algo que ha intensificado los temores a una posible intervención militar.
En aquella visita, Ratcliffe transmitió un mensaje personal de Trump en el que explicaba que Estados Unidos está dispuesto a ayudar a Cuba ante la grave crisis económica y humanitaria que atraviesa, pero solo a cambio de reformas fundamentales, tanto políticas como económicas.
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