Opinión
Vergüenza
El policía que empuja a una mujer en una protesta en Valencia lo hace como quien retira un saco que le molesta y ni siquiera se gira para ver si está bien
La imagen de un Policía Nacional empujando a una mujer con motivo de la manifestación que tuvo lugar el domingo en Valencia en defensa de la escuela pública produce vergüenza y perplejidad. Vergüenza porque la empuja como quien retira de su camino un saco roto que molesta y perplejidad porque ni siquiera gira su rostro para ver si esa persona a la que ha golpeado con fuerza puede haber sufrido algún daño. Y eso resulta imperdonable cuando estamos hablando de alguien a quien se ha formado para proteger, protegernos, para ayudarnos a defender nuestros derechos y no pasar por nuestro lado sin mirarnos y forzando una caída al suelo, que en este caso a esta mujer de 68 años, profesora jubilada, le ha provocado la rotura de su tabique nasal aparte del miedo y la sensación de que los intocables siguen siendo intocables.
Y cada vez lo son más porque parece que la escuela pública se ha convertido en un lugar donde no importa si hace frío o calor, si los ratios se cumplen o no, si las ventanas cierran o se desprenden hacia la calle, si las instalaciones no se han renovado en décadas o si los profesores no cuentan más que con el desprecio mientras ven cómo el dinero se refugia en la concertada, que es la niña mimada, porque esa política de dejar exhausta a la educación pública tiene mucho que ver con el desprecio a los inmigrantes, con el mirar hacia otro lado cuando en un aula se hablan más de cinco idiomas diferentes y no hay más apoyo que el decoro y la profesionalidad de un maestro que cree en la igualdad de oportunidades y en esas cosas importantes que otros utilizan para burlarnos y saber que los suyos, los de casa rica, están bien protegidos, bien alimentados y, sobre todo, educados para seguir un sendero que es el de la desigualdad y el desprecio. Porque todos queremos un cole con un gran polideportivo, campos de fútbol y piscina para los días de calor, pero no, tú no tienes derecho porque estudias en la pública y la pública tiene que soportar, aguantar, ser humillada y resistir.
En la Comunidad Valenciana, donde esa mujer cayó al suelo al ser empujada como un saco, la huelga suma tres semanas y ojalá la huelga de la educación pública se extienda como una marea verde y arrase con todo y con todos los que desprecian el bien más preciado que tenemos si queremos ser una sociedad de bien donde todos nos cuidemos y miremos por los otros para no atropellarlos ni despojarlos de sus derechos.
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