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Opinión | El comentario

Luis Antonio Sin Buil

Luis Antonio Sin Buil

Presidente de la Sociedad Aragonesa de Proteccióna los Animales y Plantas

Canal Roya Parque Internacional

No deja de ser escandaloso que un territorio pegado a un Parque Nacional no tenga ninguna figura de protección

Que Canal Roya se merece ser parque natural no lo discute nadie. Sus valores ambientales, geológicos, faunísticos, paisajísticos, arqueológicos, y de cualquier naturaleza están más que contrastados. Por ello fue precisamente el propio Gobierno de Aragón el que en 2006 inicio un Plan de Ordenación de los Recursos Naturales para su protección jurídica. Un proceso que debería haber acabado con la declaración de Parque Natural, máxima figura de protección que puede otorgar una comunidad autónoma. Aunque también podría haberse declarado Parque Nacional, pero ello corresponde al Gobierno Central.

Lo ocurrido con el PORN no tiene justificación posible. Tras 20 años de abandono por los diversos gobiernos autonómicos liderados por populares y socialistas, una sentencia judicial lo considera caducado, sin recriminar a quienes no cumplieron sus obligaciones y el propio mandato de la Cortes de Aragón.

Lo ocurrido ya es consabido. Los especuladores urbanísticos se propusieron reservar ese territorio para sus negocios. El bien común supeditado una vez más al interés de unos pocos, pero ricos y poderosos.

No deja de ser escandaloso que un territorio pegado a un Parque Nacional no tenga ninguna figura de protección. Uno no se imagina ir a Ordesa y contemplar urbanizaciones, pilonas, carreteras, aunque sean de emergencias y un largo etcétera. Es lo que ocurre con Canal Roya, limitando con el Parque Nacional de los Pirineos franceses. Indiscutiblemente si ese espacio fuese francés ya estaría protegido, al menos como zona periférica de protección, como ocurre con todos los parques nacionales. Pero resulta que es español y aragonés.

Canal Roya, el Anayet y la sierra de la Partacua podrían ser perfectamente parte de un parque internacional transfronterizo junto con su vecino el Parque Nacional de los Pirineos. Esto ya ocurre en América con el famoso Waterton-Glacier International Peace Park entre Estados Unidos y Canada. En Europa el Parque Nacional Pieniny, gestionado por Polonia y Eslovaquia. Y hasta en España con varios ejemplos como el Parque Internacional del Tajo-Tejo con Portugal, o la Reserva de la Biosfera Gerês-Xurés, que une el parque gallego Baixa Limia–Serra do Xurés con el parque portugués Peneda-Gerês, y que fue declarada reserva transfronteriza por la Unesco en 2009.

¿Por qué Extremadura y Galicia pueden haber logrado ese reconocimiento y Aragón no? Pues, evidentemente porque nuestras autoridades no lo quieren.

La ventaja de ser Parque Internacional salta a la vista, un mayor prestigio, lo que conduce a más oportunidades para el turismo. Dos parques en uno, no es que sumen, sino que multiplican en turismo sostenible y en referencias. Y un mayor compromiso de cuidados e inversiones de dos países que comparten su naturaleza y sus responsabilidades. Además del posible reconocimiento de la Unesco.

El cómo se llega a la declaración de Parque Internacional no es precisamente un camino dificultoso. Basta con declarar nuestro territorio con la figura de protección de parque y a partir de ahí son los dos Estados vecinos quienes entiende que pueden y deben colaborar en su protección.

Pero lógicamente tiene que haber voluntad política, que es lo que falta en nuestra comunidad. Y eso comienza por ser conscientes de que somos la comunidad autónoma con menos territorio protegido. Tan sólo el 3,5 %, mientras que nuestros vecinos catalanes tienen el 32% y La Rioja el 33%. Son datos fácilmente comprobables en la web del Ministerio para Transición Ecológica con datos aportados por las propias comunidades.

Tampoco somos una tierra con muchos parques naturales, tan solo cuatro y uno de ámbito nacional. Aragón lleva ya 20 años sin declarar más zonas protegidas. Tenemos verdaderas joyas naturales en nuestro territorio. Nos falta querernos más y para eso es preciso conocer nuestro territorio, no solo desde el coche, sino pateándolo, aprendiendo de los entendidos en cada sitio. Nada es igual cuando te lo explican los expertos. No puedo imaginar una visita a la Alhambra de Granada sin un guía, pues simplemente veríamos cosas bonitas. Pero el valor no está sólo en la belleza. A veces en el trabajo realizado, en la elaboración, en los métodos, en sus historias. Cuando de verdad se conoce cambia nuestra forma de ver las cosas.

Como podemos comprobar, un parque internacional no es una entelequia. Es perfectamente realizable. Y supondría un relanzamiento de los valles afectados con un turismo más diversificado que el actual basado únicamente en la nieve. Y con más garantías de futuro dado el cambio climático y sus efectos. Solo hay que quererlo y empezar por la declaración de Parque Natural Anayet-Partacua. n

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