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Opinión

Los otros cristianos

Llega el Papa a España en olor de multitudes e impulsado por una corriente renovadora del catolicismo entre los jóvenes. Son ellos, sobre todo, los que van a aportar colorido a la visita histórica (siempre, la de un pontífice, lo es) del nuevo León XIV.

Cuyas primeras declaraciones y actuaciones han agradado a los sectores más liberales tanto de la Iglesia como del espectro político español. Su enfrentamiento con Donald Trump, concretamente, le ha reportado simpatías y adhesiones.

Pese a esos favorables vientos, son muchos, sin embargo, los aspectos doctrinales y conductuales de la Iglesia susceptibles de claras mejoras. La lucha contra la pederastia, por ejemplo, está lejos de ser extirpada como la peor lacra de los últimos tiempos que ha sido y es; así como pendientes restan aún muchos de los «juicios», «condenas» y «compensaciones» a las víctimas (y entrecomillo porque los tribunales eclesiásticos son un punto y aparte).

Además de los numerosos fieles que casi nada, al margen de su bendición, reclamarán en la visita del Papa, habrá también presentes en los grandes actos públicos, con toda seguridad, cristianos a los que les gustaría ver realizados ya una serie de cambios estructurales en la jerarquía y en la estructura de la Iglesia de Roma. Creyentes que, a buen seguro, habrán leído los textos de Leonardo Boff y Juan José Tamayo incluidos en libros como Cristianismo radical (Trotta), en cuyas páginas se argumentan y reivindican una serie de cambios relacionados con una práctica de la religión católica que, desde la teología de la liberación y pensadores actuales, se considera francamente mejorable.

Este grupo de teólogos acusa a la Iglesia de haber servido históricamente al capitalismo y a regímenes dictatoriales, olvidando que su lugar debería estar junto a marginados, pobres y desposeídos de derechos; contra la opresión, la acumulación de riquezas o los abusos en la contratación laboral. Dichos filósofos reclaman un papel más activo para una mujer tradicionalmente olvidada, incluso «demonizada», en aras del establecimiento de un «patriarcalismo» cuyos primeros vestigios habría que rastrearlos en la tradición hebrea.

Que hay, en fin, otros cristianos feministas, ecologistas o socialistas, muy a tener en cuenta, pero a los que la cúpula del Vaticano ignora.

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