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Opinión | La comedia humana

Zaragoza

Será que somos así

Tras cuatrocientos trece años de discusiones dieron al fin en la solución, propuesta por el ala más radical de la celestial asamblea: los corruptos serían llevados a un limbo extraterrestre más allá de Orión

Oh, Señor, haz que acabe de una vez la corrupción que tanto nos irrita y desespera. Fulmina a los corruptos, tú que sabes quiénes son y serán, pues que sólo tú conoces el fondo del corazón humano; sólo tú sabes dónde esconden su botín: las cuentas corrientes y las sociedades pantalla, paredes, cajones, armarios y dónde hay muestra de pecado, en billetes de cincuenta, de cien o de quinientos.

Y he aquí que, al fin, los miles de dioses inventados por los humanos decidieron atender su plegaria que surgía del planeta entero, donde tuvieron, a saber por qué, la idea de ponerlos a crecer y multiplicarse –y unos dioses a otros reprochabanse la malísima idea de crear una criatura tan imperfecta, y además a su imagen y semejanza.

Tras cuatrocientos trece años de discusiones dieron al fin en la solución, propuesta por el ala más radical de la celestial asamblea: los corruptos serían llevados a un limbo extraterrestre más allá de Orión, donde permanecerían suspendidos del tiempo hasta su purificación total; y sorprendieronse tanto de ver allí tantos sujetos de todos los oficios conocidos, que aún hubo que buscar un planeta mayor donde cupieran todos, tan mal les había salido la especie.

Enviaron luego a un comisionado a contar a los puros y limpios de corazón, por si aún quedara alguno, y el encargo recayó en uno de los arcángeles que, envuelto en humilde sayo, llegó a la tierra, miró en torno y no vio a nadie; caminó y caminó y atravesó aldeas vacías hasta que vislumbró la primera ciudad importante, mas tampoco allí vio a nadie. Siguió caminando y vio que en todas partes donde hubo humanos ya no los había. Decepcionado tras recorrer casi el planeta entero dio al fin con una aldea con alguna vida humana. Ea pues, a partir de aquí comenzaremos a repoblar de nuevo, se dijo; y se dirigió al primero que vio de los que allí moraban, que resultó ser un candidato a futuro alcalde. Se presentaba, dijo, porque el actual no había cumplido sus compromisos.

El arcángel reveló su condición celestial y el candidato, tras la natural sorpresa, le ofreció la concejalía de urbanismo si le ayudaba a ganar la alcaldía, y le prometió también restaurar la catedral, ponerle un altar y declarar ese día festivo y un sinnúmero más de cosas.

El arcángel clamó: ¿Pero es que no queda nadie medio honrado?.

El candidato lo miró sorprendido y contestó desdeñoso: ¿honrados? a esos soberbios los tenemos desterrados en una isla desierta, por sectarios e intransigentes.

El arcángel miró a los cielos, y no vio a nadie atento; supo que la tierra no tenía remedio, pensó que el cielo tampoco, y decidió quedarse a pensar qué hacer. Mientras tanto, le pidió al candidato el PGOU para arreglar las modificaciones que había ido pensando durante su largo camino. n

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