Opinión | el artículo del día
Nigel Farage
El pasado 7 de mayo se celebraron elecciones municipales en Gran Bretaña, además de alguna parcial para sus parlamentos autonómicos. El resultado tiene dos titulares destacados: derrota espectacular del laborismo gobernante y victoria histórica para Nigel Farage y su Reform UK.
El resto de los partidos se mueven entre la alegría y la tristeza, como ocurre siempre tras unas elecciones. Los nacionalistas han quedado muy bien ya que ahora gobernarán en Irlanda del Norte, Sinn Fein; en Gales, el vencedor (tras 100 años de victorias laboristas) Playd Cymsu, aunque ciertas combinaciones podrían impedirlo; y en Escocia el Partido Nacional Escocés, que ya clama por otro referéndum de independencia. Los Verdes y Liberal Demócratas, radicales en su apuesta por reingresar en la Unión Europea, derrota ilusionante.
El primer ministro, Keir Stammer, con apenas dos años en el cargo, ha caído en los índices de popularidad a cotas muy bajas. Tras demasiados años con primeros ministros conservadores (David Cameron, Theresa May, Boris Johnson, Elizabeth Truss y Ricki Sunak), algunos pintorescos y ninguno de buen recuerdo, tras las elecciones de 4 de julio de 2024 accedió, obteniendo una gran victoria parlamentaria, al puesto. Su perfil, aspecto e intervenciones públicas nos presentan a una persona prudente, tal vez en exceso. El clima político mundial, muy inclinado a la derecha, ha jugado en su contra y las decisiones domésticas que ha ido tomando han irritado a su electorado que ya anticipaba, en encuestas, el derrumbe que se acaba de producir. Desde fuera no tenemos, yo al menos, las claves de lo ocurrido, pero hay un dato que se repite en los medios bien informados: a sus posibles votantes no les ha gustado nada su acercamiento a la UE. Sin llegar a proponer un futuro ingreso, sí ha manifestado su voluntad de aproximarse y, para ello, de redefinir el modelo de relación que se estableció tras el Brexit. Al parecer los orgullosos británicos no contemplan, aunque hay encuestas que indican lo contrario, su vuelta al club que abandonaron tras el referéndum de 2020.
El gran vencedor, Nigel Farage, es un político de largo recorrido pues ya a finales del siglo pasado ocupaba un escaño en el parlamento de la UE. Histriónico, amigo de gastar bromas incluso en público, mentiroso, nada fiable. Ha anunciado en repetidas ocasiones su abandono de la política, lo que nunca hace. Su gran triunfo lo logró en el Brexit, del que fue primer defensor, y para conseguirlo utilizó todas las armas a su alcance, sobre todo la mentira, lo que reconoció tras conocerse el resultado. En diferentes entrevistas afirmó, con toda tranquilidad, que sí, que muchas de las propuestas que hizo lo eran basadas en números inventados. Para justificar esa forma de actuar se defendió diciendo que el objetivo a conseguir era tan grande que merecía la pena todo para lograrlo. Y ahora sigue por el mismo camino, afirmando, sin rubor alguno, que la salida de la UE ha sido muy buena en lo económico para los británicos. El primer ministro, dando datos obtenidos en documentados informes, ha rebatido esa afirmación. Los británicos hemos perdido con el Brexit, ha llegado a decir, y sería bueno reconducir la relación con las instituciones europeas.
Un señor serio, formal, que gobierna según los cánones clásicos, siguiendo la ideología socialdemócrata de su partido, y otro mentiroso, nada fiable, sin propuesta alguna sensata. ¿Quién de los dos ha vencido? La respuesta la conocemos, el payaso. Y la pregunta que nos hacemos es la siguiente: ¿cómo es posible?
Para mi votar es algo muy serio. No entiendo a quienes afirman dos días antes que no saben si irán o no. Irse a la playa porque hace muy buen día y ya votarán otros. Voy a votar a este, que es un broncas y nos divertiremos. Quiero a España y los únicos que defienden esa idea me representan. Me da igual que ese candidato no haya hecho nada, que sea un inútil, lo pienso votar porque me cae bien.
Si ahora saco a relucir a Hitler más de uno se ofenderá, pero lo creo necesario. A ese criminal se le vio venir, nunca ocultó su ideología y su afán asesino. Lo votaron. Muchos alemanes encontraron en él refugio a su frustración, a su ansia de revancha contra los franceses, contra los judíos, contra los comunistas, contra todos. ¿Estamos en estas? ¿Tenemos que aceptar que se está votando para organizar un enorme conflicto que alguien resolverá? Hitler metió al mundo en una guerra en la que murieron unos 60 millones de personas. Si en cada país termina gobernando un botarate como Farage ese escenario estará más cerca. Tenemos algunos líderes, Netanyahu, Putin, Trump, que no dudan en iniciar guerras en las que mueren miles de personas, entre ellas mujeres y niños; y otros como Milei, Bukele, Orbán (ya ex, afortunadamente) o el repetidamente citado Farage, que hacen del odio al diferente su programa político.
Los inmigrantes, los otros, el odio hacia ellos es el elemento que los une a todos. Les hago una pregunta, retórica, claro: ¿con quién se quedarían, con un inmigrante o con alguien como Farage? Mi respuesta es clara, nunca con alguien como este impresentable británico.
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