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Opinión | SALA DE MÁQUINAS

JUAN BOLEA

Los viejos socialistas

Viejos –o, mejor, veteranos– socialistas con los que estos días hablo acerca de la actualidad política no ocultan su incertidumbre ni preocupación por el futuro del partido. La posibilidad de que el PSOE entre en declinación, como parecen indicar los rácanos cómputos de las cuatro últimas elecciones autonómicas, y hubiera de soportar un duro período en la oposición, un largo paréntesis en el que, incluso, se corriera el peligro de sufrir algo parecido a lo sucedido a los socialistas franceses o italianos, no es una mera suposición, un albur, sino un riesgo con el que contar en un futuro no tan lejano. También podría suceder (en política todo es posible), justamente lo contrario: que el PSOE se rearmase y volviera con más fuerza. Pero esos viejos socialistas cuyo lamento y decepción recojo ahora con el valor crítico que reúnen, no las tienen consigo.

Y no porque sean contrarios a Pedro Sánchez, a quien, aun siendo en su mayoría felipistas, han apoyado y votado, sino porque de su análisis se desprende que la resistencia numantina del inquilino de La Moncla sólo les llevará –aunque durase, en el mejor de los casos, un largo y turbulento año más–, a un mayor peligro de disgregación corporativa e ideológica.

Para ellos, como para tantos otros representantes parlamentarios de muy distinto signo, pero coincidentes en el análisis, la presente legislatura está acabada, sin que merezca la pena seguir gobernándola ni un consejo de ministros más. Sin presupuesto, sin mayoría parlamentaria, derrotado en las urnas autonómicas, acosado por casos de corrupción, a la baja en las encuestas y tan sólo con una mínima posibilidad de repetir en la presidencia, ¿qué es lo que hace seguir, resistir, atrincherarse a Pedro Sánchez? ¿La seguridad de que es inocente? ¿Su convencimiento de que cualquier alternativa de gobierno sería peor? ¿Su narcisismo, su vanidad, su inmunidad...?

La respuesta, que sólo él y su más cercano círculo conocen, tal vez pudiera explicar y justificar su actitud, pero no tanto garantizar la continuidad de las siglas que representa.

El Partido Socialista es mucho más que Pedro Sánchez. Que en su seno comience a pensarse en su sustitución no es una cuestión de oportunismo ni venganza, sino ley de vida.

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