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Opinión

Ricardo Barceló

Ricardo Barceló

Director de "El Periódico de Aragón"

El despegue definitivo de Zaragoza

La movilidad, la conectividad, la vivienda y la calidad de vida son los factores que determinarán si la capital aragonesa aspira o no a estar a la vanguardia de las ciudades europeas

Zaragoza desde el aire

Zaragoza desde el aire / JAIME GALINDO / EPA

Zaragoza ha comenzado a desperezarse en los últimos años para competir como una ciudad capaz de entrar en el selecto club de las grandes capitales europeas. El propósito exige esfuerzo, constancia, resiliencia y estrategia, pero también poner el foco en cuestiones centrales sin las cuales la misión no será exitosa. El primer eje vertebral que ha de permitir a Zaragoza dar un salto cualitativo pasa por el impulso de la movilidad urbana pero también por la mejora de la conectividad con los aeropuertos del viejo continente.

La capital aragonesa ha crecido a un ritmo vertiginoso en el último lustro, lo que le ha llevado a superar los 700.000 habitantes, es decir, casi 30.000 más que hace poco más de cuatro años. Esa presión demográfica ya se nota en la ciudad y en su área metropolitana, lo que convierte la movilidad en un reto inexcusable. El Gobierno de Natalia Chueca es consciente de ello y lo más probable es que tome cartas en el asunto con la vista puesta en las elecciones municipales de 2027, a las que deberá concurrir con un programa atractivo que pivotará, entre otras cuestiones, en la movilidad. No sería extraño, por tanto, que la prolongación de la línea 1 del tranvía sea una de las cartas que juegue la alcaldesa en la próxima cita con las urnas y quién sabe si ese proyecto de articular la ciudad con el tranvía podría ir más allá. Si así fuera, no solo lograría que Zaragoza diera un gran salto de gigantes sino que arrebataría una de las bazas con las que el PSOE prevé concurrir a esos comicios.

El desarrollo y la mayor conectividad del aeropuerto de Zaragoza es otro de los puntos clave para la capital, algo que el Gobierno de Aragón y el ayuntamiento ya han detectado. EL PERIÓDICO DE ARAGÓN publicaba esta misma semana la intención de ambas administraciones de duplicar el número actual de rutas aéreas, de forma que superarían las 25 hasta superar el millón de pasajeros al año gracias al convenio que pretenden firmar el Ejecutivo de Azcón y el Gobierno de Chueca en los próximos meses tras aportar ocho millones de euros. Se trata de un paso clave para que Zaragoza sea atractiva, ya no tanto desde el punto de vista turístico sino a la hora de seducir a los inversores. De ahí el empeño en que la capital aragonesa tenga conexiones con grandes aeropuertos europeos como Londres, Milán, París o Francfort, entre otros. La llegada de inversiones asiáticas y europeas obligan mejorar la oferta y tejer esa red para que sea una realidad a partir de 2027. Inditex, CATL, Leapmotor, los centros de datos que se están desplegando en el territorio y la demanda que existe por parte de las grandes empresas (locales, nacionales e internacionales) ya asentadas en la comunidad obligan a no posponer durante más tiempo esa decisión estratégica.

La ciudad debe despojarse de complejos, de las servidumbres de antaño y de ese tufo de capital de provincia que todavía se respira en el día a día

La gigafactoría de baterías de CATL se levantará en los suelos de Stellantis en Figueruelas.

La gigafactoría de baterías de CATL se levantará en los suelos de Stellantis en Figueruelas. / Stellantis

Otro de los revulsivos para el desarrollo de la ciudad pasa por el avance en los estándares de calidad de vida que dependen básicamente de dos asuntos troncales: la puesta en el mercado de miles de viviendas asequibles que permitan atraer y retener talento y trabajadores, así como la capacidad para desplegar recursos públicos que favorezcan la integración de aquellas personas que llegan a la comunidad. Aragón ha logrado superar por primera vez en su historia los 650.000 afiliados a la Seguridad Social, una cifra que se explica por un intenso desarrollo económico, cuyo epicentro se encuentra en Zaragoza. Ese empleo se traduce en más ingresos para las familias, más gasto en consumo, más expectativas para los negocios y más recursos públicos vía impuestos. Y esa es, precisamente, la tercera pata sobre la que descansa la transformación de Zaragoza como gran urbe europea y Aragón como imán: la capacidad de gestionar esos importantes recursos para dotar a la educación, la sanidad y los servicios sociales. De ello dependerá que la capital aragonesa y el conjunto de la comunidad sean percibidas como un lugar en el que se quiera vivir.

La movilidad, la vivienda y la integración figuran entre los principales desafíos a los que se enfrenta una ciudad que ha comenzado a despegar y que se enfrenta a una reinvención más que necesaria. Pero para ello hay que despojarse de complejos, de las servidumbres de antaño y de ese tufo de capital de provincia que todavía se respira en el día a día. Zaragoza ya no puede pensar en clave local, ha de hacerlo en grande. La alternativa es el estancamiento.

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