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Opinión

La partitura y los intérpretes

Hay partituras buenas y malas y hay también intérpretes buenos, malos y pésimos. Y a veces se juntan partituras pésimas con intérpretes impresentables. Cuando una partitura es buena se hace eterna. Los intérpretes cambian porque nadie es imprescindible. Y hay partituras pésimas que permanecen sostenidas por intérpretes con mal criterio, pésima formación y ninguna gana de agradar al prójimo y hacerle la vida posible o más digna. La partitura que marcó el siglo XX de muerte, sufrimiento y dictaduras sigue siendo interpretada por los mismos intérpretes con distintos ropajes. Los mismos compases de xenofobia, de racismo, de desigualdad, de odio al diferente, de misoginia, de aporofobia y de ignorancia climática y en definitiva de defensa de los que más tienen, de clasismo.

En un mundo globalizado, son compases para pueblerinos en la acepción del diccionario de la RAE de gente poco refinada y carente de amplitud de ideas o puntos de vista. Los sinónimos (tosco, burdo, ordinario, vulgar, basto, provinciano o palurdo) van en la misma dirección. Una cosa es nacer en un pueblo y otra comportarse como un palurdo. La partitura que interpreta el consejero Nolasco es horrorosa, obsesionado con todo lo que no es producto nacional, que persigue hasta los niños y niñas que nacieron en otros lares.

Reconozco que hay gente impregnada de esta melodía que odia a los diferentes. Me imagino que Nolasco sería incapaz de vivir en Nueva York, ni aunque fuera en la horrorosa Torre Trump en la Quinta avenida de Manhattan, porque allí la variedad es lo que define, lo que proporciona identidad. Hay gente que le gusta la melodía monótona y le inquieta y le asusta lo diferente. Muchos odiamos esa partitura y aborrecemos a sus intérpretes por defender una sociedad individualista en la que no nos gustaría vivir. Y por tanto no la votaremos en la vida aunque la vistan de flores, la disimulen y nos la venda la Brunete mediática. La partitura que defenderemos siempre es aquella que habla de igualdad, de justicia social, de hacer un mundo mejor y más sostenible. Y apoyaremos a los buenos intérpretes. Eso sí, habrá que expulsar a los que desafinan.

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