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Opinión | LO QUE NO SE DICE

No cometas este error cuando sientas tristeza

La tristeza es una de las emociones más humanas que existen. Todos la experimentamos en algún momento y, aunque resulte incómoda, forma parte de nuestra manera de adaptarnos a las pérdidas, las decepciones, los cambios o las situaciones que nos afectan emocionalmente.

Sin embargo, muchas personas no sufren únicamente por estar tristes. Sufren porque interpretan esa tristeza como algo que no debería estar ocurriendo. Como si fuera una señal de debilidad, un problema que resolver o un estado del que hay que salir cuanto antes.

Y ahí es donde aparece el error. Porque la tristeza, por sí sola, suele ser una emoción transitoria. Lo que a menudo la complica es la lucha constante contra ella. El esfuerzo por eliminarla rápidamente, por distraerse de inmediato o por convencerse de que no debería sentirse así.

Vivimos en una cultura que tolera mal el malestar

Hay un mensaje que aparece de muchas formas distintas: hay que estar bien. Ser productivos, optimistas, resilientes. Mantener una actitud positiva incluso cuando las circunstancias invitan a sentir otra cosa.

El problema es que las emociones no funcionan siguiendo nuestras preferencias. No aparecen porque las autoricemos ni desaparecen porque nos resulten incómodas. Tienen su propio ritmo y su propia función.

Cuando alguien siente tristeza, es habitual que intente corregirla de inmediato. Se llena la agenda, busca distracciones constantes o intenta convencerse de que no tiene motivos para sentirse así. Pero una emoción no desaparece porque se discuta con ella. En muchos casos, simplemente queda aparcada durante un tiempo para volver más tarde.

Intentar escapar de la tristeza puede hacer que dure más

Parece contradictorio, pero una de las cosas que más prolonga algunas emociones es la necesidad urgente de dejar de sentirlas. Cuanto más nos obsesionamos con estar bien, más atención prestamos a cualquier señal de malestar.

Entonces la tristeza deja de ser solo tristeza. Se convierte también en preocupación, frustración y sensación de incapacidad. Aparecen pensamientos como: «¿Por qué sigo así?», «Debería haberlo superado ya» o «Algo me pasa porque no consigo levantarme».

Y en ese momento la emoción inicial queda rodeada de capas adicionales de sufrimiento. Ya no estamos únicamente tristes. También estamos luchando contra el hecho de estar tristes.

Escuchar la tristeza no significa recrearse en ella

A veces existe el temor de que aceptar una emoción implique resignarse a ella. Como si reconocer la tristeza fuera equivalente a quedarse atrapado dentro de ella. Pero son cosas distintas.

Escuchar la tristeza no significa alimentar el malestar ni convertirlo en el centro de la vida. Significa preguntarse qué está intentando señalar. Qué pérdida, qué decepción, qué necesidad o qué cambio hay detrás de esa emoción.

La tristeza suele aparecer cuando algo importante para nosotros se ha visto afectado. Por eso tiene una función. Nos invita a detenernos, a procesar lo ocurrido y a reorganizarnos emocionalmente. No es agradable, pero tampoco es inútil.

Cuando entendemos esto, la relación con la tristeza cambia. Dejamos de verla como un enemigo que hay que derrotar y empezamos a verla como una experiencia emocional que tiene algo que decirnos.

No conviertas una emoción en un problema añadido

Sentir tristeza no significa que estés retrocediendo, que seas débil o que algo funcione mal en ti. Significa que eres una persona atravesando una experiencia emocional que forma parte de la vida.

El error más frecuente no suele ser estar triste. Suele ser entrar en guerra contra esa tristeza. Exigirle que desaparezca rápido, cuestionarla constantemente o interpretar su presencia como una señal de que algo va mal.

Las emociones incómodas tienen una característica que olvidamos con frecuencia: cuanto más espacio les damos para existir, menos necesitan quedarse. No porque desaparezcan de inmediato, sino porque dejan de tener que luchar para ser reconocidas.

Y a veces, precisamente cuando dejamos de intentar escapar de la tristeza, es cuando empieza a perder fuerza por sí sola.

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