Opinión | EL ÁNGULO
¿Dónde está el aragonesismo de centro derecha?
El PAR ha ido perdiendo una identidad territorial nítida, liderazgos reconocibles y una utilidad política evidente para sus votantes
Durante cuatro décadas el Partido Aragonés fue una anomalía española, mantuvo una fuerza propia capaz de condicionar gobiernos, negociar inversiones y defender una agenda específicamente aragonesa desde posiciones moderadas. Las elecciones de 2019 marcaron el inicio de una etapa de declive, con la irrupción de Teruel Existe se evidenció que una parte del voto territorial había dejado de identificar al PAR como el más eficaz para defender los intereses de Aragón. A esto se sumó la pérdida progresiva de su identidad política, el partido que había sido simultáneamente regionalista, centrista, municipalista y pragmático pasó a no encontrar grandes diferencias con el PP.
La crisis estalló definitivamente con el congreso de 2021 que reeligió a Arturo Aliaga. Las denuncias sobre irregularidades en el proceso desembocaron en una larga batalla judicial que acabó con la anulación del congreso y la orden de repetirlo. Mientras los tribunales discutían la legitimidad de la dirección, el partido consumía sus energías en luchas internas. En 2023 Aliaga fue desalojado de la presidencia por su propia ejecutiva y el PAR llegó dividido a unas elecciones cruciales de las que salió prácticamente borrado del mapa autonómico. Fue entonces cuando comenzó una operación política que muchos de sus antiguos dirigentes describen como una auténtica OPA hostil del PP. Jorge Azcón entendió que existía un espacio electoral huérfano y decidió ocuparlo. El PP incorporó cuadros y se presentó como el nuevo defensor de los intereses aragoneses frente a Madrid. La reciente incorporación de Alberto Izquierdo al gabinete de Azcón simboliza mejor que cualquier análisis ese proceso de aproximación entre ambas formaciones.
Formalmente el PAR existe, pero ya no dispone de influencia autonómica y su supervivencia depende casi exclusivamente de su implantación local pendiente de las próximas elecciones municipales.
La pregunta es por qué otros partidos similares sobreviven mientras en Aragón se hunden. UPN sigue siendo una referencia en Navarra, Coalición Canaria gobierna y conserva influencia en Madrid. El Partido Regionalista de Cantabria ocupa un espacio propio. Todos ellos han mantenido tres elementos que el PAR fue perdiendo, una identidad territorial nítida, liderazgos reconocibles y una utilidad política evidente para sus votantes.
Quizás esa es la clave, los ciudadanos respaldan partidos regionalistas cuando perciben que pueden obtener resultados que los grandes partidos nacionales no pueden conseguir. Cuando esa diferencia desaparece, el voto acaba regresando a las formaciones estatales.
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