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Opinión | Editorial

Zaragoza

Desatascar en defensa

Una industria de defensa no se improvisa. No se trata de poner más dinero en un tejido ya existente, sino de crearlo

La apuesta europea por constituir una estrategia autónoma de defensa implica poner en marcha inversiones y procesos industriales de alta complejidad y no solo por el montante del dinero necesario, o la voluntad política que necesita. Una industria de defensa no se improvisa. No se trata de poner más dinero en un tejido ya existente, sino de crearlo. Ciertamente se tiene que hacer a partir de empresas que llevan décadas implantadas en el sector, como Santa Bárbara, Escribano o Indra, otras más recientes como Oesía o TRC, y otras que hasta ahora han trabajado en ámbitos que parecían ajenos a la defensa como el aeroespacial, el de la ciberseguridad o el de las startups digitales. No es fácil acompasar este proceso porque las compañías, muchas de capital privado, tienen sus propios planes estratégicos e industriales. Y en este ámbito no se puede improvisar.

En los inicios del plan Re-arm UE, el Gobierno de España hizo una apuesta decidida para que Indra fuera el eje vertebrador de esa estrategia industrial. Fruto de ello, la compañía participada por el Estado puso en marcha un plan estratégico que planteaba un proceso de fusión con unos de sus accionistas, EM&M. En coherencia, el Ministerio de Defensa firmó contratos millonarios con ambas empresas, alterando su valor patrimonial, y provocando la reacción en contra de sus competidores, como es el caso de Santa Bárbara. Pero, finalmente, el Estado a través de la Sepi cambió de opinión, lo que motivó la salida del equipo de gestión de Indra y de Escribano del accionariado. La llegada de Ángel Simón a la presidencia y la próxima incorporación de Josep Maria Recasens como consejero delegado son signos en la dirección correcta. Tranquilizar, generar confianza y trabajar con profesionalidad.

Precisamente la llegada de Recasens, experto en la cadena industrial del automóvil, es toda una declaración de intenciones porque esa es una de las industrias que puede reconvertirse al sector de la defensa. Y esa oportunidad no hay que perderla. Primero, por el propio momento que pasa la fabricación de coches y, segundo, porque el reto de la autonomía en defensa y seguridad solo puede hacerse en base a la industria ya existente. Ficosa, Seat, o Antolin están analizando esa posibilidad. La crisis de Indra ralentizó el proceso, pero ahora es el momento de activarlo y de acelerarlo. Este asunto debe salir de la dinámica entre Gobierno y oposición y no puede quedar en manos de los caprichos de quien ocupa la Moncloa.

Para dar este paso, el sector del automóvil necesita al menos tres cosas: planes tangibles, voluntad de cooperación por parte de la industria tradicional de la defensa y un ambiente social e institucional favorable. No se trata de dar saltos al vacío en maniobras desesperadas y con la opinión pública en contra, sino de generar un proceso de diálogo que respete la profesionalidad de la industria automovilística y que no esté condicionada por la dinámica partidista. Recasens ha demostrado saber tejer este tipo de estrategias y de complicidades en el sector del automóvil y tiene el respaldo de los accionistas a través de Simón. Hay que ponerse manos a la obra y aspirar no solo a captar fondos de España sino del conjunto de Europa.

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