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Opinión | CON SENTIDO/SIN SENTIDO

El último humanista

El 29 de mayo murió Edgar Morin en París a los 104 años y me pilló leyendo su última obra, Lecciones de la historia: ¿podemos aprender de nuestro pasado? Breve pero iluminador ensayo en estos oscuros tiempos de amnesia colectiva. Edgad Nahoum era de origen sefardita, fascinado por el judeoespañol de sus padres, refugiados de Salónica. Su juventud coincidió con los momentos más convulsos de la historia reciente; se unió a la resistencia en 1942 con el seudónimo de Morin, que se quedó con él; entró en París con De Gaulle, fue combativo comunista hasta que cuestionó esa fe en 1949 ante los desmanes estalinistas. Fue un pensador libre y adelantado, preocupado tempranamente por el cine, la televisión, la cibernética, la ecología, siempre con un enfoque transdisciplinar y universalista que cristaliza en El método (1973-2004). Allí aboga por el pensamiento de la complejidad, la reliance o interdependencia de todas las disciplinas y la de los humanos con el hábitat.

Observador privilegiado, desde su amplia experiencia, de nuestro devenir, reproduzco aquí algunas de sus lúcidas reflexiones en Lecciones de la Historia. Disciplina difícil de prever y catalogar, como ciencia humana, las causas de los acontecimientos históricos siempre son múltiples y están entrelazadas y evidencian «la ecología de la acción, según la cual las intenciones desatan procesos que desembocan en lo contrario de lo que se pretendía». También reconoce «esa irracionalidad bárbara que se renueva sin cesar a lo largo de la Historia», al tiempo que reflexiona sobre el mitificado progreso: «Si observamos la Historia todo progreso trae consigo sus ambivalencias y contradicciones (…) el progreso de la civilización occidental entraña un retroceso de las solidaridades y las comunidades y un aumento de los egoísmos».

Siguen las conclusiones reveladoras sobre la Historia -la escribe siempre con mayúscula- de este gran humanista, quizá el último: «es un continuo avance-retroceso, una continua transformación de desviaciones en tendencias y de tendencias en desviaciones. Son evoluciones, involuciones, revoluciones (…) El papel del imaginario, el mito y la religión en ella es enorme y permanente (…) las únicas certezas que proporciona son retrospectivas, con los hechos consumados. Es orden y desorden, determinismo y azar. Es creadora y destructora. Es reveladora del genio y la estupidez». Su diagnóstico hoy no es muy halagüeño, como escribió en De guerra en guerra: de 1940 a Ucrania: «Estamos ante el ascenso de la falta de humanidad y el hundimiento de la humanidad, la escalada del simplismo y el desprestigio de la complejidad. Y, sobre todo, la escalada hacia una guerra mundial que supone el hundimiento de la humanidad en el abismo».

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