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Opinión | virando a babor

Una de fútbol

Mal momento para hablar de fútbol en Aragón. El Zaragoza y el Huesca descienden. Y el Ejea. Y el Tarazona espera el maná público para no desaparecer. Salvo el glorioso equipo femenino del Casademont pocas alegrías. Es inevitable preguntarse sobre lo que pasa en Aragón y algunos expertos de mi confianza me aseguran que no hay una política deportiva digna de tal nombre, que es un desastre si atendemos a los frutos producidos. A muchos les indigna que algunos políticos venden su imagen cuando se gana y desaparecen cuando se pierde. Se alardea de la inversión en La Romareda y de la compra del Alcoraz por 24,4 millones que sin duda era un tema absolutamente prioritario para Aragón. Para eso Azcón y Mur son íntimos y los amigos están para cuando se necesitan. Los de Teruel con lo que nos cuesta Motorland año tras año, se dan por satisfechos. Del apoyo a otros deportistas de élite nada sabemos salvo que muchos tienen que emigrar para poder tomárselo en serio y me cuentan un montón de casos que no puedo enumerar aquí. Y además no tienen instalaciones públicas donde entrenar. Dicen que apoyarán a los clubs privados e igual es verdad porque todo lo que es privado les priva.

El fútbol espectáculo es materia de los grandes empresarios y los palcos son el escenario de negocios y de relaciones productivas. Está visto lo que le importa el Real Zaragoza a su presidente y a sus mandados. Pero el fútbol, y el deporte en general, va mucho más allá del deporte de élite. Es el que cualquier ciudadano pueda hacer en relación con un estilo de vida saludable y con sus gustos y apetencias. Pero eso es un tema poco rentable políticamente. Aquí manda lo que mi colega Luis Cantarero denominó «fútbol industrial» (Futbología. La cultura del fútbol industrial. Editorial Pregunta) en feliz hallazgo conceptual. Y los futbolistas se han convertido en objeto de consumo que se compran, se venden, se traspasan en un mercado con terminología esclavista que a nadie parece molestar. La FIFA, entidad sin ánimo de lucro ingresará casi 8.000 millones en el Mundial y el presidente de la española cobra tres veces lo que el presidente del Gobierno. Eso sí que es una industria floreciente.

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