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Opinión | cierzera

Zaragoza

FAN

Han sido dos semanas intensas, en las que la visita del Papa León XIV a España ha monopolizado gran parte de la parrilla televisiva durante días, y aunque reconozco que esto de las casullas y los santos no tienen mucho que ver conmigo, han sido varios los «zascas» que el santo padre ha lanzado ante esta riña continua de patio de colegio de nuestros representantes públicos, y frente a ese concepto, absolutamente xenófobo, que la ultraderecha intenta poner de moda (la prioridad nacional) y que la derecha ha asumido sin problema ninguno para mantener la presidencia autonómica en varias comunidades, como quien se pasa un hielo baboso entre bocas, eso sí, matizando... Arraigo lo llaman ellos. El hecho de que el discurso haya sido en la sede de la soberanía nacional siendo un estado aconfesional, chirría bastante, pero supongo que fue una decisión con una intencionalidad muy meditada.

También en estos días, centenares de jóvenes se han enfrentado a una de las pruebas más estresantes de su vida, la temida PAU, que en medio de esta polémica de idas y venidas por la educación concertada ha otorgado la nota más alta (rozando la perfección) precisamente a una estudiante de un colegio concertado, algo que algunos ya están utilizando como argumento. Ya entiendo que de algún modo hay que filtrar... pero no creo que esta prueba sea representativa de una evaluación ni de los alumnos, ni de los centros. Tres días en los que influyen demasiados factores como para que las conclusiones sienten cátedra.

Y aunque las conversaciones mundanas a partir de ya, probablemente giren en torno a las vacaciones... ¿playa o montaña?, ¿turismo nacional o viajes más exóticos?, me temo que, las cuestiones sobre las que pondrán el foco en los programas de radio y televisión y también en la prensa escrita y digital tendrán más que ver con Trump y sus excentricismos, la celebración del G-7, juicios varios, calor extremo, joyas de valores millonarios, los incendios de verano y el mundial de fútbol... Por ello, ante el hartazgo que nos genera a veces este bucle, la propuesta de evadirse con un buen libro, es mucho más atractiva que andar pendiente de informaciones que decepcionan. Y no, no me atreveré a recomendar lecturas, es algo muy personal, pero seguro que quienes hayan asistido a esos encuentros organizados en el marco del Festival Aragón Negro (FAN), han encontrado algo atractivo que les invite a perderse este verano entre palabras, una iniciativa que puso en marcha el escritor y periodista Juan Bolea allá por el 2014, llegando a rincones insospechados de nuestros pueblos de Aragón, y que tanto asistentes, como escritores que vamos de ronda, compartimos y disfrutamos a partes iguales.

Precisamente en el marco del Festival, hace unos días acudí a Villarroya del Campo, donde me encontré con gente excepcional, y este fin de semana pasado he visitado dos pueblos que me devuelven a la infancia y a lugares donde he sido muy feliz. La primera parada fue en el Villar de los Navarros con una acogida estupenda y con un abrazo muy especial con familia que hace tiempo no veía. La segunda, fue en el pueblo de mi padre, Herrera de los Navarros, donde pasé muchos veranos inolvidables y donde el reencuentro con mi cuadrilla de la adolescencia fue un momento impagable y emotivo. Por supuesto hablamos de libros, de mis tres novelas El revoloteo de la Pamparola, Girasoles Violetas y El aleteo del colibrí, que sorprendentemente y a pesar de no haber coincidido en muchos años, muchos de los asistentes ya habían leído y que dio pie a un diálogo, una conversación coloquial, como la que hubiéramos tenido cualquier noche de aquellos veranos, en torno a las tramas, que hizo del encuentro un momento tremendamente enriquecedor, dando paso a comentarios sobre nuestros achaques y nuestras carreras de obstáculos en la vida, pero cuando, entre besos y abrazos, llegó la despedida al final de la tarde y me monté en el coche, me invadió una sensación de vacío enorme que todavía no me ha abandonado, porque me sentí tan en casa que me hubiera quedado toda la noche charrando entre recuerdos y sentados en el muro frente a la plaza de las verbenas... Quizá si no hubiera sido por la organización del FAN, hubiera tardado muchísimo tiempo en volver, así que desde estas lineas, gracias Juan Bolea por esta apuesta que lleva la cultura a nuestros pueblos pero también por provocar encuentros en los que las emociones son capaces de superar cualquier historia ficticia.

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