Opinión
La verdad se abrirá paso demasiado tarde
La declaración de ayer de José Luis Rodríguez Zapatero ante la Audiencia Nacional trasciende la dimensión personal o judicial de quien fuera presidente del Gobierno. Lo relevante no es solo lo que ha dicho ante el juez, ni siquiera el desenlace procesal que finalmente tenga el caso. Su comparecencia se produce en un momento de extrema fragilidad política para el ejecutivo y en una semana que puede marcar un punto de inflexión en la legislatura
Un día antes, Junts unía sus votos a los de Partido Popular y Vox para sacar adelante una iniciativa con un evidente contenido político que, sin ser formalmente una cuestión de confianza, se le parecía bastante en sus efectos. Al mismo tiempo, el PNV elevaba el tono al recordar que una legislatura sin presupuestos difícilmente puede prolongarse indefinidamente y que, llegado el caso habría que ir a elecciones.
Son movimientos que revelan algo más profundo que una suma coyuntural de votos. Revelan que los socios parlamentarios empiezan a prepararse para todos los escenarios posibles. Y cuando los aliados empiezan a pensar en el día después, es que perciben que el presente ha entrado en una fase de agotamiento.
En ese contexto, la figura de Zapatero adquiere una dimensión simbólica. Durante años fue uno de los principales activos políticos e internacionales del socialismo español. Hoy, sin embargo, su nombre aparece asociado a una investigación judicial que alimenta el desgaste de un gobierno ya sometido a una presión creciente. Aun si la justicia termina exonerándolo, aun cuando parte de las acusaciones se demuestren infundadas, la política tiene sus propios tiempos, y rara vez coinciden con los judiciales.
Tanto es así que los que, en su momento, se opusieron jurídicamente a la Ley de Amnistía, son los que ahora obtienen los mayores réditos de la normalización de Junts. Si fueron los socialistas quienes asumieron el enorme coste político de la amnistía, soportando una intensa erosión electoral y mediática, es hoy el PP quien trata a Junts como un interlocutor parlamentario legítimo y deseado. Lo que ayer era inaceptable parece haberse convertido en una opción disponible.
La política española se mueve así entre contradicciones y cambios de posición cada vez más difíciles de explicar al electorado. Por eso la cuestión no es si la verdad terminará abriéndose paso sino cuándo. Y existe el riesgo de que cuando finalmente llegue, lo hemos vivido en casos que se están juzgando trece años después, los efectos políticos ya sean irreversibles y los protagonistas hayan sido juzgados mucho antes por la opinión pública que por los tribunales.
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