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Opinión

El largo desmayo

Zapatero grita su inocencia y pide qué digan dónde está ese dinero y el juez tendrá que demostrar que Zapatero no dice la verdad

El expresidente Zapatero entrando en la Audiencia Nacional no fue plato de gusto. Ni para él, ni para la democracia, ni para todos aquellos españoles que vimos cómo aquel hombre de la ceja levantada nos sacaba de una guerra que nadie quería y que fue un capricho maquillado de mentiras; también ese mismo hombre consiguió que el matrimonio entre hombres y mujeres fuera legal e igualitario e hizo que la banda terrorista ETA, que tanto dolor había causado en España, dejara las armas y se convirtiera en un recuerdo amargo y necesario.

Sin embargo su entrada en la Audiencia Nacional el pasado miércoles echaba por tierra todos sus méritos, porque el caso de Zapatero es un ejemplo donde la culpabilidad se ha extendido como la pólvora entre todos los estratos sociales y si bien algunos se aferran a su inocencia, el daño está hecho y lo más indecente es que se procuró desde el primer día cuando, sin conocerse el auto, los medios ya titulaban a cuatro columnas que Zapatero estaba siendo investigado por ser el líder de una estructura organizada y estable dedicada al tráfico de influencias, siendo acusado posteriormente de los siguientes delitos: organización criminal, tráfico de influencias, apropiación indebida, falsedad documental, blanqueo de capital, contrabando y delito contra la Hacienda pública, casi nada tratándose de un expresidente que en su primera declaración ante el juez ha presentado una autorización universal voluntaria para que se pueda constatar la existencia de sociedades, dinero, productos financieros o cualquier activo bajo su titularidad fuera de España, a lo que el juez ha respondido con un auto, posterior a la declaración del ex presidente, insistiendo en el peso de las pruebas recogidas hasta ahora y citando la trazabilidad de diversas transferencias entre las cuentas bancarias de Zapatero en relación con fondos procedentes de la ayuda pública concedida por el Gobierno a la mercantil Plus Ultra y la utilización de múltiples sociedades mercantiles para canalizar esos pagos.

Zapatero grita su inocencia y pide qué digan dónde está ese dinero y el juez tendrá que demostrar que Zapatero no dice la verdad y que esas múltiples sociedad existen y que el expresidente actuó enriqueciéndose al margen de la ley y de sus obligaciones. Todo mientras el verano ya está aquí y la justicia se comporta como el sol: a unos los quema sin protección y a otros los broncea cuidadosamente en un largo desmayo mientras envejecen ocultos de la memoria colectiva.

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