Opinión

Bibliotecario
Edadismo y jóvenes lloricas
Empecemos por aclarar que ni soy joven por edad ni me siento joven de espíritu. Soy un boomer tardío de difícil encaje. Mi carrera artística se vio frenada por una generación tapón que, en los lejanos ochenta, disfrutaba (la generación tapón, digo) del caso que hacían los gobiernos sociatas a muchos personajes que ponían a las ciudades españolas a la vanguardia creativa, y que, veinte años después, seguían recibiendo encargos públicos con la etiqueta de ‘nuevos talentos locales’. Pasó en esta región y en casi todas, como me confirmaban los colegas desde sus comunidades. Hasta intenté liderar una versión aragonesa de lo que allá por los dos mil se dibujaba como una incipiente Unión de Asociaciones de Artistas Visuales, que la catalana también trataba de impulsar desde su asentada Associació d’Artistes Visuals de Catalunya. En el empeño por comunicar e integrar al máximo de nombres en el proyecto tuvimos encuentros con mucha gente; también con unas cuantas de esas promesas de los ochenta que terminaron comiéndose el pastel y las migajas durante varias décadas. Y, obviamente, nos transmitieron que la idea no les interesaba lo más mínimo. Sabían nadar y guardar la ropa; algo que muchos nunca aprendimos. El intento de federar las asociaciones regionales terminó decayendo. Alguno de los que lo integraban hasta terminó en la Mesa del Congreso.
Pero, aclarada esta introducción, insisto en el hecho de que el desprecio por razones de edad es tan aplicable a quienes se aproximan a la Tarjeta Dorada de Renfe como a quienes aún disfrutan del Carné Joven. Edadismo es un término que designa la discriminación, sobre todo laboral, de quienes han cumplido los cincuenta.
Para quienes aún no se han emancipado resulta bochornoso escuchar al presidente de los empresarios castellano-manchegos hablar de la flojera de las nuevas generaciones de trabajadores, que «se cogen una baja porque les ha dejado la novia» (sic). Su corta visión le hizo hablar solo de varones, porque si lo hubiera pensado mejor habría incluido entre las bajas caprichosas a las chicas que sufren dolor menstrual severo. Como siempre en estos casos alguien ha salido a matizar las declaraciones (el líder nacional de la CEOE, Antonio Garamendi), sin negar que algo de razón tenía. La salud mental todavía sigue siendo un motivo de baja menor o no debidamente justificado. Es el cáncer de las bajas laborales, que aunque existe no tiene tratamiento ni aceptación.
Entre tanto, el mercado laboral ofrece abundantes oportunidades de incorporación a los jóvenes. Y no entiende cómo, con la oferta tan amplia de empleabilidad, se lo sigan pensando. Quizá es que tengan suficientes entendederas (ya que son los más preparados) como para valorar si merece la pena trabajar en penosas condiciones por un salario de mierda que no les permitirá emanciparse. O que tendrán que aceptar trabajar sin cotizar y, a veces, sin cobrar lo trabajado, para hacerse un poco de hueco en el mercado laboral llenando un currículum que engorda sin ganar musculatura. O si tendrán que aguantar hacer horas extras invisibles porque es la forma de que no les echen de su trabajo.
Por esas cosas he pasado yo también. Pero no con treinta años, con más de cuarenta y cinco. Y me he permitido dar un portazo en la cara de mis jefes (algunos, pensaba que amigos; otros, emprendedores, y hasta alguna administración pública), porque tenía el comodín de volver a dormir bajo el techo familiar. Pero no es bocado de buen gusto pensar que, siendo boomer, todavía no has conseguido emanciparte. Que tienes que seguir pidiendo ayuda cuando tu empleador se retrasa en el pago de la nómina, porque vives al día. Y, aunque no pagues hipoteca ni alquiler, el banco, la Visa y la comunidad de propietarios te convierten en moroso en cuanto te descuidas.
A día de hoy sigo trabajando en precario, sin saber cuánto se alargará mi contrato. Y también opositando, y encontrando a mucha gente de mi edad en los exámenes para el acceso a plazas en la Administración Pública. Quizá somos víctimas del mismo edadismo que sufren las generaciones más jóvenes (ya no sabemos cuánto alcanza la idea de joven). Sin la ansiedad por tener un hogar o, al menos, una habitación. Pero con la misma intriga por saber si, a estas alturas, vamos a tener algún futuro.
Suscríbete para seguir leyendo
- Directo | El incendio forestal de las Cinco Villas devora 4.500 hectáreas
- La paradoja del Real Zaragoza: el descenso deportivo con un capital social once veces superior en cuatro años
- Casa Pedro, el mítico restaurante de Zaragoza, renace con nuevo nombre y local: 'Ya era hora de hacer este cambio
- El refuerzo para la delantera del Real Zaragoza. Cervera deja claro a De Miguel su condición de descarte, pero el Tenerife no tiene prisa en su salida
- Expertos en aire acondicionado y arquitectos coinciden: 'No apuntes el ventilador hacia las personas, ponlo junto a la ventana para renovar el aire de la habitación
- El 112 pone en preaviso a 1.000 habitantes de otros cuatro pueblos de las Cinco Villas ante una posible evacuación
- Hallan restos de trincheras de la guerra civil junto al futuro centro de datos de Florentino Pérez en La Puebla de Alfindén (Zaragoza)
- ¿Tranvía o autobús de alta capacidad? Natalia Chueca da la orden para contratar el estudio que definirá las alternativas para la línea 2 de Zaragoza