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Opinión

Habrá uno de vosotros que…

Hasta el Cristo avisó de que sería imposible evitar a Judas, y eran sólo doce. Shakespeare, en otro contexto, señaló también a Bruto como el que sumó sus estocadas a César. Y sin necesidad de subirnos a la grupa de la historia o la ficción hay repetidos ejemplos de que aun la voluntad mas severa de cumplir con honestidad los planes políticos, será inevitable que la tentación acabe por volver del revés a alguno, o al algunos, o a bastantes. En la historia reciente de las Españas no ha habido gobierno indemne, todos han tenido en sus filas eso que damos en llamar corrupción. En el PP como en el PSOE ha habido podridos, y de cuándo en cuándo también asoman otros estamentos del poder social, económico, policial judicial, etc. La naturaleza humana es la que es, y la cultura va normalizando y actualizando una cierta manera de ser que esta bien reflejada en nuestra literatura: el pícaro venial, el robacapas, aparece ejerciendo su oficio casi en legítima defensa. El hambre, se viene a decir, justifica el incumplimiento de la norma moral y de la ley, que se ha hecho para otros, no para mí, que nada tengo y nada tendré nunca jamás, así que si arde Troya, que se cuiden de apagarla quienes se benefician de su existencia.

El pícaro es el primer escalón, ya decimos que venial, de la cultura del incumplimiento civil; un peldaño más arriba viene el delincuente de más grado, como Rinconete y Cortadillo, a quienes Cervantes trae a Madrid para que perfecciones su arte delincuencial en la Universidad de Monipodio, que aparece como en jefe de una mafia con sus normas internas y su propio código. Un ejemplo de corrupción organizada, con sus procedimientos de soborno, amenaza y crimen instalada ya como forma de vida alternativa dentro de la vida oficial con su cuerpo de leyes y demás aparatos de organización social y política.

Como el resto de la ciencias humanas, la corrupción y la delincuencia van incorporando nuevas formas y procedimientos, pero los motores siguen siendo parecidos: codicia, afán de poder, vanidad, etc. y ahí andamos. Parece que en cada o espacio social se reproduce el virus, o la bacteria que afecta a algunos humanos para sumarlos al capítulo de los podridos, así que, traída la cosa a la política más concreta, las dos formaciones políticas deberían pactar no echarse los corruptos a la cara, porque así no harán más que perjudicar la paciencia de la ciudadanía y desacreditar el sistema, esta democracia que parece aún el intento civil más apreciado para no empezar el rosario de la Aurora y acabarlo como preámbulo de algún golfo salvapatrias que, una vez más, no salvará otra cosa que su negocio y el de su banda.

O sea, o se logra acotar la, al parecer, inevitable cuota de podridos, para que sean ellos los que paguen sus delitos salvando de la quema y sin desacreditar la parte honesta, que la hay, o se pone la mesa para el retorno del banquete de las calaveras.

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