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Opinión

El novio

Supuestamente, el novio de la señora Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid, ha ingresado cuatro millones de euros en un par de años, por lo que necesariamente debe ser un hacha de los negocios. Otra cosa es que tales cuentas no estén demasiados claras, a juicio de los tribunales. Para aclarar si tuvo que ver con un fraude de adquisición de mascarillas en plena pandemia, anda el buen hombre de juzgado en juzgado, esforzándose por explicarlas con ayuda de sus abogados.

En el Partido Popular no solo le creen, sino que le consideran uno de los suyos, injustamente maltratado por los medios debido a ser quien es. Mejor dicho, con quien se relaciona. Podría, ¿por qué no?, haber surgido en el seno de los conservadores alguna voz discrepante, la de alguien que cuestionara la moralidad de González Amador, dudara de sus millonarios ingresos y que, aun con la voz baja, se preguntase si la presidenta se habría beneficiado de esos ingresos, contribuido a gastarlos, a reinvertirlos en algún bien o gasto compartidos, siendo en tal caso cómplice de algún delito todavía por demostrar. Ya hubo un precedente cuando el anterior presidente popular, Pablo Casado, dudó de la ética del hermano de la señora Ayuso; por poco tiempo, pues le costó el puesto.

Al margen de su resultado final, de su sentencia judicial, el proceso a la pareja de la señora Díaz Ayuso ha venido a equilibrar un tanto el partido de la corrupción.

Por el momento, con claridad, lo va ganando el PSOE, que tiene a tres jugadores entre barrotes y a otros tantos a punto de entrar a la cárcel: pero los populares, con el novio de Ayuso, el ex ministro Montoro, el ex ministro Fernández y los coletazos del caso Bárcenas no da la impresión de haber jugado o estar jugando limpio.

La conclusión, para el pueblo llano, no puede ser más demoledora: los dos partidos principales, capitales, de la democracia española están infectados por el virus de la corrupción. Y, por lo tanto, el sistema político se encuentra enfermo. ¿Cómo curarlo? ¿Con unas elecciones? Hasta ahora dicho tratamiento no ha dado resultado. Joaquín Costa reclamaba «un cirujano de hierro». Esperemos que no haga falta operar sin anestesia...

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