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Opinión

Ricardo Barceló

Ricardo Barceló

Director de "El Periódico de Aragón"

Un año trampa para Aragón: adiós a la inercia positiva

La comunidad pierde la inercia positiva durante el primer semestre del año por el parón electoral y la formación de un nuevo Gobierno, en el que Vox prioriza el ruido a la gestión

El presidente del Gobierno de Aragón, Jorge Azcón, el pasado martes en un foro económico en Madrid.

El presidente del Gobierno de Aragón, Jorge Azcón, el pasado martes en un foro económico en Madrid. / Europa Press / Marta Fernández

Algo ha cambiado en Aragón en los últimos meses. Quizá no sea muy perceptible todavía, pero comienzan a detectarse señales que llevan a la conclusión de que la comunidad ha reducido una o dos marchas su inercia positiva. Los factores son múltiples, pero todos convergen en el mismo origen: la convocatoria de las elecciones autonómicas de febrero de 2026. El punto de partida de esta desaceleración de Aragón es el 15 de diciembre de 2025, fecha en la que el presidente Azcón firmó el decreto de disolución de las Cortes y confirmó los comicios para el 8 de febrero. Hasta entonces, todas las consejerías del Ejecutivo estaban pilotadas por el PP y tenían una hoja de ruta definida. Además, se había salvado con nota la rampa de lanzamiento de un proyecto que se cimentaba en una gestión eficaz, diligente y ágil, en la buena marcha de la economía, la llegada de inversiones, el impulso de la vivienda y la apuesta por las energías renovables como elemento diferencial. Esa estrategia, que estaba definida desde el aterrizaje de Azcón en el Pignatelli en el año 2023 y que también se apoyaba en la llegada de fondos europeos, permitía mejorar la financiación de la educación, la sanidad y los servicios sociales. Esta especie de círculo virtuoso, sin embargo, pareció quebrarse la noche del 8 de febrero.

El primer factor que provocó la entrada de Aragón en estado de hibernación fue el freno que sufrió la administración tras la convocatoria electoral. De una u otra forma, la DGA activó el piloto automático y el PP puso el foco en la búsqueda de una mayoría que le permitiera gobernar con más comodidad. Pero nada de eso ocurrió. No fue hasta el 30 de abril cuando Azcón tomó posesión como nuevo presidente tras unas negociaciones con Vox que, como se ha podido comprobar, dejaron muchos flecos sin cerrar. Las dificultades para confeccionar el nuevo equipo de Gobierno no han sido menores, pero una cosa es tener las piezas y otra ponerlas a funcionar. Hoy, más de seis meses después, la maquinaria sigue sin estar engrasada, ya que únicamente la consejería de Hacienda y la de Vivienda, Fomento y Logística mantienen sus equipos prácticamente intactos.

Los vicepresidentes Mar Vaquero y Alejandro Nolasco, en un pleno de las Cortes.

Los vicepresidentes Mar Vaquero y Alejandro Nolasco, en un pleno de las Cortes. / Cortes de Aragón

Este escenario no sería tan grave si Aragón no estuviera en un momento tan importante desde todos los puntos de vista. El 2026 estaba fijado en el calendario como el año del impulso de las inversiones estratégicas y el de la llegada de nuevas empresas. Sin embargo, ese impasse político ha enfriado las expectativas y, en algún caso, ha generado dudas, una lectura que es compartida por algunos empresarios.

La entrada en shock del Gobierno de Azcón se mantiene todavía hoy, agravada por la falta de sintonía con Vox, su socio de Gobierno, y por las turbulencias que genera en el PP las salidas de tono de la ultraderecha. La introducción del término «prioridad nacional» de forma transversal a la tarea del Ejecutivo, el recorte de las ayudas a los agentes sociales –que son los garantes de la paz social–, pero sobre todo la falta de conocimiento y de capacidad a la hora de gestionar la administración por parte del partido de Abascal –más empeñado en ganar votos que crédito con su trabajo— han frustrado parte de las expectativas de una comunidad que no puede permitirse el lujo de perder tiempo.

Ofensiva de Cataluña

Mientras todo esto ocurre, el Gobierno catalán acaba de pactar con la patronal y los sindicatos un acuerdo para relanzar la industria, con 5.000 millones de inversión hasta 2030 para proteger los sectores estratégicos. Madrid, por su parte, sigue ejerciendo como polo de atracción por el efecto capitalidad y su capacidad de ser imán a través de rebajas de impuestos. El País Vasco, mientras, apura su baza política para sacar tajada de la debilidad del Gobierno de Sánchez.

Aragón sigue en tierra de nadie, pero con el agravante de que el Ejecutivo PP-Vox no carbura. La incomodidad en las filas del PP aragonés es manifiesta porque es consciente de que el tiempo es oro para la comunidad, porque su compañero de viaje está más ocupado en el ruido que en las nueces, porque Feijóo quiere gobernar pero no tiene un proyecto claro y porque hasta que lleguen las generales todo será política de tierra quemada.

Han pasado más de seis meses desde el 15 de diciembre de 2025 y ni siquiera 50 días desde la toma de posesión del nuevo Gobierno. Quizá sea poco tiempo. O mucho. Todo depende de si se ha detectado el problema y de si hay capacidad para corregir el vuelo antes de la colisión.

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