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Opinión | SALA DE MÁQUINAS

Horteras

El diccionario de la Real Academia, manifiestamente mejorable en la mayoría de sus voces, define «hortera» como «vulgar, de mal gusto». No es incorrecta la definición, ni mucho menos, pero habría que ampliarla si pretendiésemos incluir en ella a Donald Trump. Un hortera, además de tener muy mal gusto, y de ser manifiestamente vulgar (como Trump), está convencido de todo lo contrario, esto es, de no serlo, de ser un alguien elegante, con personalidad y carisma (como Donald J.)

El caso es que este hortera, con el visto bueno de unos cuantos lechuguinos temporalmente ocupados en gobernar sus respectivos países, dirige un mundo cada vez más –como él–, sucio, violento, horrible. Trump lo está llenando de rencor a manos llenas, de capazos de odio, de racismo, intolerancia, deseos de venganza contra emigrantes, marginales, desesperados...

Pero, sobre todo, lo está llenando de muertos. Son miles de almas las que han dejado de existir en Gaza, Cisjordania, Líbano o Irán. Decenas de miles las que luchan contra el olvido, contra esa memoria de pez que convierte al género humano en una masa fácilmente manipulable por los detentadores del poder. Otros poderosos horteras como Bin Salman, Putin, Lukashenko o Delcy Rodríguez van, increíblemente, resistiendo a la opinión; rehabilitándose, incluso, y logrando con ayuda del paso del tiempo que se olvide la peana de sangre sobre la que se alzan sus repugnantes regímenes o dictaduras.

La mayoría de ellos se lleva muy bien, naturalmente, con el peor de todos, con este Trump que, de hecho, podría matarlos (como al ayatolá), o encarcelarlos (como a Maduro). Sus miserables valores y ridículos gustos por el oro y el lujo les hacen compartir como ricos paletos que son una misma escoria moral de analfabetos virtuales, deshumanizados sujetos producto de un error de la naturaleza, enfermos de autoritarismo, monos con un tambor, o con un fusil, a los que la suerte ha colocado en el disparadero de los demás para llevar a cabo genocidios, represiones, toda suerte de desmanes en nombre de la justicia, la patria, el honor...

Trump, poder blanco, escoria blanca, se ensucia las manos a diario sin que nada pase o casi nadie diga. Siendo ese silencio atronador el mejor aplauso al violento y cruel hortera de Washington.

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