Opinión | el ángulo
Cuando se disipe el humo
Sánchez sostiene que existe un intento deliberado de construir una sensación de corrupción generalizada que va más allá de los hechos acreditados
Pedro Sánchez volvió a explicarse en el Congreso en medio de una tormenta política, judicial y mediática sin tregua. Más allá de las acusaciones cruzadas o de las exigencias de dimisión y adelanto electoral, hubo una idea que resumió la posición del presidente ante quienes le reclaman elecciones inmediatas, esperar a que el humo con el que el PP está tratando de distorsionar la realidad se disipe, y entonces, los ciudadanos elijan entre su proyecto o el de la oposición.
No fue una frase improvisada, contiene toda una interpretación del momento político. Sánchez sostiene que existe un intento deliberado de construir una sensación de corrupción generalizada que va más allá de los hechos acreditados. La oposición sostiene exactamente lo contrario, que la acumulación de imputaciones y escándalos revela un problema político de tal magnitud que hace imposible la continuidad del Gobierno.
Pero la clave de la jornada estuvo menos en el debate sobre la corrupción que en la definición de la alternativa. Porque lo que volvió a quedar claro en el hemiciclo es que la política española sigue organizada en torno a dos bloques. Sánchez no compareció para defender únicamente su permanencia en La Moncloa, compareció para insistir en que la elección sigue siendo la misma. O el proyecto que encabezan PP y Vox o la suma, siempre compleja y contradictoria, de todas las demás fuerzas.
Por eso no convoca elecciones. No porque la situación sea cómoda ni porque ignore el desgaste, ni porque sus socios estén satisfechos. Cree que, cuando se despeje la niebla de las acusaciones, los ciudadanos volverán a encontrarse ante esa misma disyuntiva y deberán decidir qué modelo de país prefieren, con el aliento de Vox en la espalda del PP.
La cuestión es que vivimos en un tiempo político en el que esa niebla nunca termina de disiparse, que sucede todo a la vez en todas partes, en Madrid, Amurrio o Soria. Allí donde menos te lo esperas surge un informe o una pieza separada. Como si alguien levantara una piedra y descubriera que debajo siempre hay otra historia pendiente de contar. Hay corrupción y hay también una sensación de simultaneidad, no sé si sincronizada.
La incógnita es si llegará algún momento en que ese humo se disipe de verdad, qué quedará cuando termine el ruido constante de las revelaciones diarias. Entonces los ciudadanos tendrán que decidir si todo lo que han visto durante estos meses era la prueba de una corrupción estructural o la construcción de una percepción política. Y será en ese momento, precisamente, cuando se produzca la elección que Sánchez dice estar esperando.
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