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Opinión

Zaragoza

Juzgando a los jueces

¿Un magistrado puede ser ultraderechista, conservador, socialista, comunista...? En eso consiste la libertad de pensamiento y expresión, ¿no?

Seguramente sea cierto aquello de que, dentro de cada español, se esconde un seleccionador nacional de fútbol. Mientras se disputa el Mundial, esa sospecha toma más que nunca carta de naturaleza, acercándose a la verdad.

También, probablemente, lo sea que en el interior de cada hispano late un Quijote, un pícaro, un Don Juan, un Sancho Panza… Y –¿por qué no?– un cura (para juzgar las cosas divinas) o un juez (para juzgar las cosas humanas).

El rol universal de este último ha ganado muchos enteros a raíz de los últimos escándalos judiciales. La opinión pública, que poco o nada sabía de los vericuetos judiciales, de sus instrucciones y apelaciones, acerca de la composición de sus tribunales, de los órganos rectores del poder judicial o de la capacidad de cada Juzgado para imponer determinadas sentencias y ejecutarlas sin posibilidad de amparo frente a otra corte superior, es ahora relativamente experta en todas estas circunstancias.

Como igualmente la Fiscalía ha estado en el punto de mira de la polémica, a todas horas en los medios, el opinante ha visto complementados sus saberes con las competencias y jerarquías de la acusación pública, sus métodos de nombramiento o selección, pautas internas y límites frente a la suprema autoridad del juez.

Siendo éste la cúspide del sistema judicial español, instructor de todas las causas, el debate a propósito de su ideología también ha calado entre los corrillos. ¿Un magistrado puede ser ultraderechista, conservador, socialista, comunista...? En eso consiste la libertad de pensamiento y expresión, ¿no? Sí, pero –argumentará el abogado del diablo–, ¿podrían afectar a la neutralidad obligada de sus actuaciones tales simpatías de parte? La respuesta, naturalmente, es que en ningún caso debería ser así. Mas, ¿ocurre, se da? Según algunos, sí. Caso de Peinado, por ejemplo, quien, llevado por su supuesto aborrecimiento a Sánchez, estaría haciendo la vida imposible al matrimonio. Caso de Marchena, señalarían otros, quien, inspirado por un rechazo al independentismo, había encarcelado a sus líderes para enderezar el rumbo de España. Caso de Calama, sin ir más lejos, quien, irritado por la imagen de un Zapatero que ocultaba cosas ha puesto de manifiesto sus secretillos para perjudicar a su partido...

Y así, juzgando a los jueces, como se juzga al seleccionador nacional de fútbol, se van animando las tertulias en este aburrido y caluroso verano.

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