Opinión

Director de "El Periódico de Aragón"
Todo es una cuestión de confianza
Los casos de corrupción y la falta de autocrítica dinamitan todos los puentes que existen entre la ciudadanía y unos partidos políticos que han dejado de escuchar

Alberto Núñez Feijóo muestra una foto en la que aparece con Zapatero. Comparecencia de Pedro Sánchez en el Congreso de los Diputados.Comparecencia de Pedro Sánchez en el Congreso de los Diputados. / José Luis Roca
«La confianza es la madre del descuido». La frase de Baltasar Gracián viene a explicar, en gran medida, hasta qué punto existe una delgada línea entre la lealtad y la traición. Los casos de corrupción que afectan a los dos principales partidos que han gobernado España en las últimas décadas han sido incontables. Tanto es así, que los ciudadanos parecen estar anestesiados ante algo que parece haberse convertido en algo rutinario. Y ese es, precisamente, el gran riesgo de una sociedad: normalizar aquello que resulta anómalo.
Pedro Sánchez se hizo con la presidencia del Gobierno tras una moción de censura, motivada por los casos de corrupción que acorralaban al Ejecutivo de Mariano Rajoy. Hoy, la historia se repite, con una sentencia del Tribunal Supremo que condena al exministro José Luis Ábalos a 24 años de prisión por aprovechar el peor momento de la pandemia para establecer una trama corrupta para la venta de mascarillas. Ni es el primero ni seguramente será el último fallo judicial, habida cuenta de los casos que acorralan a los socialistas –el del expresidente Zapatero, entre otros– y de que se está juzgando el caso Kitchen, una operación parapolicial secreta y de espionaje ilegal, que afecta al PP, desarrollada en España entre 2013 y 2015 y financiada con fondos reservados del Ministerio del Interior, cuyo objetivo principal fue robar información y destruir pruebas que el extesorero del PP, Luis Bárcenas, guardó. Sí, el mismo del «sé fuerte Luis».

Tenso cara a cara entre Sánchez y Feijóo en el Congreso por la corrupción en el PSOE / José Luis Roca
La judicialización de la política se ha convertido en el pan nuestro de cada día y hoy es el único argumento (no es poca cosa) que ha encontrado Feijóo para tumbar a un Ejecutivo que el pasado jueves pudo comprobar cómo Junts y Vox apoyaban una moción en la que el PP pedía a Sánchez someterse a una cuestión de confianza. No obstante, todo es una cuestión de confianza. Los partidos necesitan de la confianza de los ciudadanos, Feijóo precisa de la confianza de Vox, Pedro Sánchez de la de sus socios, y ambos, Feijóo y Sánchez, de Junts, un partido que trata de ganarse la confianza de los catalanes tras llevar a la comunidad a un callejón sin salida de la mano del procés. Pero ¿qué ocurre cuando los ciudadanos pierden la confianza en sus representados? Esa es la reflexión que todos y cada uno de los partidos políticos deberían hacerse si quieren sobrevivir.
La judicialización de la política se ha convertido en el pan nuestro de cada día y hoy, tristemente, es el único argumento que existe para tumbar a cualquier Gobierno
Más allá de reflexiones, que suelen perderse en el limbo, toca actuar con medidas concretas, activar filtros en las organizaciones políticas, poner en marcha controles exhaustivos, fijar protocolos, ordenar auditorías… ¿Alguien ha visto que los partidos hayan activado alguno de estos mecanismos en los últimos años con todo lo que ha ocurrido?
Ferraz y Génova
La confianza es la base de todo, pero para generar confianza es preciso ser transparente, tener credibilidad, predicar con el ejemplo, no dejar pasar ni una, liderar con firmeza, aplicar la torelancia cero hacia la corrupción, tener equipos fiables y, sobre todo, escuchar a quien ha creído en ti. Debería resultar sonrojante para el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, pero también para el líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, hablar en el Congreso de los Diputados delante de quienes representan la soberanía nacional para dar lecciones cuando el historial del PSOE y del PP está salpicado de una lacra que recorre los rincones más oscuros de Ferraz y Génova. Pero eso ocurre casi cada semana, aunque la digestión sea cada vez más pesada.
La confianza no se regala, la confianza ha de ganarse con honestidad, trabajo, criterio y coherencia, aunque el mercantilismo de la política parece haber olvidado todos estos conceptos. La complejidad de las relaciones humanas y el deseo de poder se dan la mano en demasiadas ocasiones en la política española. Las relaciones de conveniencia no son precisamente relaciones de confianza, y un ejemplo de ello, pero no el único, es el pacto suscrito en Aragón entre el PP y Vox, que se ha repetido y posiblemente se reedite en los próximos meses en los ayuntamientos, en las comunidades autónomas y también en el Gobierno de España, aunque para ello será necesario que los ciudadanos dicten antes sentencia. Simplemente, es una cuestión de confianza.
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