Opinión | EL RINCÓN DE PENSAR

Subdirector de "El Periódico de Aragón"
La 'locura' de parar con 40 grados
La Administración ni impone ni vigila una obligación que permita detener la actividad en los trabajos al aire libre en días de calor extremo y normalizar esa regla cargada de sentido común como quien ofrece entradas gratis en las piscinas.

Operarios en las obras de transformación de la N-232 en avenida en Utebo, esta semana a 40 grados de temperatura en la calle. / El Periódico
Una nueva ola de calor ha bañado estos días Zaragoza y el conjunto del país con efectos inmediatos en el día a día. Tener los termómetros por encima de los 40 grados es más habitual cada año, lo advierten los expertos desde hace tiempo, lo niegan los de siempre desde sus despachos con el aire acondicionado encendido y lo sufren especialmente los que trabajan en la calle.
Esta semana, caminando bajo un sol sofocante me quedé mirando una obra, estaban construyendo pisos y los operarios trabajaban exhaustos, con el sudor poblando su cara y un gesto de resignación que no interrumpía su ritmo alto. Más adelante, otros operarios, estos en una calzada, hacían lo mismo, con la misma mirada de quien sabe que o se cuidan ellos o nadie lo hará por ellos. Y me puse a pensar en si realmente nos estamos tomando en serio esto de los episodios de calor extremo y sus consecuencias para la salud.
El Gobierno se atrevió a plantear unos márgenes de temperatura en los que obligar a parar la actividad o amoldar los horarios, pero a la vista está de que no se está cumpliendo. Se podría considerar que cuando el termómetro pasa de los 40 grados, el riesgo para la salud empieza a crecer y multiplicarse en algunos trabajos, cada décima es un paso más en el alambre. Y si finalmente pasa algo, seguramente nadie pedirá responsabilidades por una negligencia pese a que tendría todo el sentido.
Esos trabajadores que siguen a un ritmo alto bajo ese calor asfixiante tienen un plazo que cumplir, pero a nadie se le ha ocurrido que quizá las circunstancias meteorológicas, el hecho de que cada año se den más episodios de calor extremo y en los que quizá convendría parar, deberían estar presentes en los concursos públicos para no ir a plazos tan ajustados que luego hacen que parar sea un imposible porque hay una fecha de finalización que cumplir. ¿Alguien se imagina que en los 20 o 30 días de este verano en los que seguro que el termómetro pasará de los 40 grados se les ocurrirá parar en algunos de los proyectos que tienen que estar a tiempo para las próximas elecciones municipales? ¿O en la construcción de pisos que el promotor necesita entregar lo antes posible para pasar a la siguiente promoción?
Quizá habría que empezar a tomarse en serio lo del cambio climático, el calor extremo y los efectos sobre la salud. Y parar, obligar a parar. Con el mismo convencimiento con el que se prohíbe celebrar hogueras o se ofrecen entradas gratis a las piscinas. Para que todos interioricen que es algo automático y razonable. Imponerlo hoy puede verse como una locura, pero mañana la locura puede ser no hacerlo, porque realmente lo es si lo pensamos bien.
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