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Opinión | Editorial

Claroscuros en la vivienda

Hace una semana, celebramos en Madrid el tercer encuentro del Foro Social de la Vivienda con el que, de la mano de Santander y Prensa Ibérica, EL PERIÓDICO pone foco en la percepción que tienen los ciudadanos de las medidas que impulsan las administraciones para hacer frente al principal reto económico y político que tiene la sociedad española. Constatamos en aquella reunión la fuerza que tiene el consenso político para implementar medidas efectivas en la construcción de vivienda asequible para cubrir la demanda de los nuevos hogares que se crean, tanto por motivos demográficos como por los cambios en las formas de vida. Desgraciadamente, solo 48 horas después varias comunidades gobernadas por el Partido Popular llevaban a la Justicia el Plan Nacional de Vivienda que unas semanas antes había acordado el ministerio con las autonomías en el seno de consejo interterritorial. Una de cal y otra de arena. El plan entra en vigor, pero queda amenazado en algunos puntos, más por razones ideológicas, totalmente legítimas, que por razones operativas.

Nuestro compromiso con el debate de la vivienda, además de alentar el Foro y la información de actualidad, se plasma también a través de los contenidos en los que buscamos corrientes de fondo que permitan conocer y entender este reto de una manera más esclarecedora. En esta ocasión, hemos analizado cómo y por qué en 92 de los 153 municipios españoles de más de 50.000 habitantes los pisos se sitúan por debajo del umbral de los 200.000 euros, considerado por los expertos como la frontera que permite a los españoles adquirir una vivienda sin poner en riesgo el resto de sus necesidades básicas.

Esta constatación nos permite añadir dos elementos al debate sobre la vivienda en España. La primera es que si los precios se ajustan en estas ciudades es porque hay una buena correlación entre oferta y demanda, es decir son municipios en los que se construye casi toda la vivienda que se necesita. Quiere ello decir que, como sostenemos desde el primer día, la principal política de vivienda tiene que ser promover, agilizar y permitir la promoción de viviendas allí donde se demandan. La segunda conclusión avala la tesis según la cual el problema de la vivienda en España debe interrelacionarse con el de la movilidad. Muchas de estas ciudades con precios asequibles podrían acoger una parte de la demanda si mejorara el transporte público con las grandes áreas metropolitanas que tienen cercanas como sería el caso de Madrid, Barcelona, Valencia o Sevilla. Nuevamente, constatamos que la principal intervención de las administraciones en esta materia debería concentrarse en la planificación y en la sincronización entre la oferta y la demanda, en lugar de obsesionarse con el control de precios o de los usos de los inmuebles.

La vivienda es una herida abierta en el corazón de las sociedades desarrolladas. La imposibilidad de acceder a este bien básico para el proyecto de vida de las personas deja en muchas ocasiones a las clases medias en un terreno de desamparo frente a todas las formas que adquiere el populismo, especialmente el de la extrema derecha. Y ello es especialmente grave entre aquellos que se han esforzado para formarse y tener un empleo que en muchos casos no les permite acceder a un lugar donde vivir.

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