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Opinión | SALA DE MÁQUINAS

La huella de Alejandro

Una de las piedras angulares de nuestra civilización sigue siendo la Grecia clásica, aquella prodigiosa suma de estetas, guerreros, urbanistas y artistas que combinó la expansión imperial con el nacimiento de las ciudades-Estado. Una raíz, un legado, un vínculo, un tesoro que hoy nos enriquece y distingue. Para conocer mejor lo que ocurrió en aquellos siglos previos al nacimiento de Cristo en las inmediaciones del mar Egeo no es mal consejo leer El mundo helenístico (Gredos) de Frank W. Walbank.

Un ensayo brotado de la pluma de uno de los grandes estudiosos de la historia de Macedonia y de aquella Grecia que más propiamente podríamos denominar «helenística». Entre los expertos de esa época, Walbank está considerado el mayor especialista en Polibio, el historiador que narraría el ascenso de Roma.

Walbank arranca su meditación con la figura inigualable de Alejandro Magno. En apenas doce años, el hijo del rey macedonio Filipo expandió las fronteras de su reino hasta el río Indo, abarcando enormes territorios del Próximo y Lejano Oriente, sometiendo a decenas de testas coronadas y alterando de norte a sur y de oeste a este la historia del siglo IV a. C. Su figura no solo modificó las fronteras políticas, sino que también supuso cambios y alteraciones en las divisiones administrativas, las reglamentaciones jurídicas, las propias dinastías reinantes en tantos territorios como fueron por él sojuzgados, o en los mismísimos dioses localmente establecidos, pero que a partir de la conquista debieron aprender a convivir con otros cultos.

Dichos cambios y alteraciones continuaron produciéndose tras la muerte de Alejandro en Babilonia y el subsiguiente reparto del mundo conquistado entre sus principales lugartenientes. Uno de ellos, Ptolomeo, fundaría un nuevo reinado en Egipto, originándose a orillas del Nilo una curiosa fusión con algunas tradiciones de origen helénico que asimismo arraigarían en lugares tan distantes como los de las más de una veintena de Alejandrías fundadas en vida del conquistador.

Esta nueva fase, en la que la civilización griega dejaría su huella desde el mar Adriático hasta la India, es analizada por Walbank con sumo detenimiento. En especial, por lo que corresponde a las relaciones entre el conjunto de monarquías y ciudades-Estado hasta el advenimiento del poder de Roma.

Un trabajo muy notable.

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