Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | SALIDA DE EMERGENCIA

El mundo se une solo a veces

Venezuela se cura con sus manos y con las de todos y así debe ser cuando hay una vida por salvar, un suelo que recomponer, una casa por levantar

Hay cifras y palabras que estremecen porque ante ellas no podemos hacer nada que no sea sentirnos abatidos y sentir rabia y desolación y sabernos insignificantes porque la tierra decide moverse y engullirlo todo y todo deshacerlo en un tiempo mínimo en una escala que marca 7,2 y 7,5 y que se lleva por delante miles de vidas, que son un resumen perverso y atronador de lo que ha sido el terremoto que el pasado miércoles asoló la zona costera de La Guaira, en Venezuela, y desde ese instante las imágenes de destrucción se suceden y nadie sabe cómo reventarle las costuras a la miseria en una situación endiabladamente miserable cuando se pierde todo, incluida la vida, en una vida ya de por sí repleta de carencias.

El mundo se une con Venezuela, leemos, y pensamos que así debe ser porque es preciso ayudar a los que sufren y hacerlo con prestancia, aunque mayormente es algo que no practiquemos y sigan los países y los gobiernos llevando a cabo recortes en algo tan necesario como es la cooperación con los países más desfavorecidos, pero cuando saltan las imágenes a todos los informativos con algo tan doloroso y brutal como ha sido el terremoto de Venezuela, entonces hasta aquellos que no dudaron en recortar presupuestos sacrificando vidas, corren a sumar su granito de arena para ser mejores personas y lo anuncian para que todo el mundo recuerde que ellos estuvieron con Venezuela, aunque se olvidaron de Gaza, de Sudán, de Yemen, de Burundi, del Congo y de tantos otros lugares asolados por el hambre, las enfermedades, la guerra y la pobreza.

Es cierto que el mundo se ha unido con Venezuela, pero tristemente el mundo se une solo a veces y siempre se une en una misma dirección, la que tiene el color y la cercanía dibujada en una frontera que podría ser la nuestra, y es que este mundo tan auxiliador en unas ocasiones posee, sin embargo, un termómetro endiabladamente exquisito para medir los sufrimientos y algunos nunca aparecen en zona de riesgo, la verdad es que ni siquiera aparecen, y así son ignorados un día y otro y otro y nada ni nadie clama por ellos. Venezuela se cura con sus manos y con las de todos y así debe ser cuando hay una vida por salvar, un suelo que recomponer, una casa por levantar, un dolor que acallar y un pueblo al que sostener cuando sus cimientos se deshacen y el miedo lo ensombrece todo.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents