Opinión
Cuestión de prioridades
Joaquím Bosch, en su libro Jaque a la democracia. España ante la amenaza de la deriva autoritaria mundial (2024), apuntaba con claridad las causas del peligroso ascenso de la extrema derecha a la vez que señalaba que estos partidos «presentan una fisonomía similar en caso en todos los lugares, aunque también puede haber particularidades entre ellos». De este modo, como indica Cas Mudde, el auge del extremismo de derechas es un «fenómeno global que cuenta con variables locales. Las versiones nacionales tienen más o menos éxito en función de la capacidad de las organizaciones ultraderechistas y de sus líderes de conectar con las insatisfacciones, el descontento y los temores de la ciudadanía».
La presente deriva autoritaria alentada por los partidos de extrema derecha tiene una serie de rasgos y planteamientos que todos ellos comparten cuales son, tal y como nos señala Joaquím Bosch: el rechazo a la inmigración, la apuesta por el nativismo, el nacionalismo excluyente, las apelaciones a la seguridad desde una visión autoritaria del orden público, la crítica a la corrupción de las élites, la defensa de los valores tradicionales y su oposición a los avances del feminismo.
Especialmente significativo es su defensa visceral del nativismo, el equivalente a la consigna de la llamada «prioridad nacional» que enarbola Vox en España, una combinación de nacionalismo y xenofobia con postulados abiertamente racistas. Este explosivo cóctel político, según Cas Hudde, se convierte en la defensa de una «etnocracia», esto es, en una democracia en la cual la ciudadanía está basada en la etnia y, por ello, los grupos ultras defienden un Estado monocultural que cierra las fronteras a los inmigrantes, en el que los extranjeros deben optar entre la asimilación o la expulsión y, todo ello, con la idea supremacista de que «la cultura nativa es muy superior a la considerada intrusa». De este modo, el tema de la inmigración se convierte en una obsesión para estos grupos ultras cuyos discursos xenófobos se basan en clamar por expulsiones masivas, penas desmesuradas y contundencia policial contra los colectivos inmigrantes. Junto a la inmigración, la otra bandera de esta deriva autoritaria es la de la defensa del orden público, muy inspirada en las políticas trumpistas. Recordemos que ya en el año 2017, Donald Trump puso en marcha en los Estados Unidos una oficina para víctimas de delitos cometidos por extranjeros con la clara intención de vincular inmigración con delincuencia: es lo mismo que hace habitualmente Vox en la cuestión de penalizar a los «menas», los menores no acompañados. A la vez, en las arengas xenófobas y racistas suele ser habitual, como ya hizo Trump, magnificar los actos de violencia cometidos por inmigrantes en la misma medida que se minimizan los causados por los ciudadanos naturales del país y los actos de discriminación racial que tienen lugar en nuestra sociedad. Y tan grave como todo lo anterior es que, en diversos países, también en España, se han ido rompiendo los «cordones sanitarios» que aislaban a la extrema derecha debido a las alianzas políticas de ésta con los partidos conservadores tradicionales. De este modo, como nos advertía Joaquím Bosch, «los riesgos sobre una posible involución autoritaria en España dependerán del propio desarrollo de la extrema derecha y de la influencia que ejerza en el mundo conservador tradicional».En este sentido, como recordaba Mariano Alonso Freire en EL PERIÓDICO DE ARAGÓN del pasado 22 de junio de 2026, en su artículo El PP allana una coalición nacional al ver ‘madurez’ de Vox a nivel autonómico, las recientes declaraciones de Feijóo apuntaban a la posición favorable del PP a una coalición a nivel nacional, lo cual, sin duda, además de preocupante, de realizarse, supondría una clara involución en derechos y libertades en los términos en los que se refiere el presente artículo.
A modo de conclusión, y teniendo en cuenta el panorama internacional con la expansión de la extrema derecha no sólo en Europa sino también en Estados Unidos y en la América Latina, «no conviene sobredimensionar los riesgos, pero tampoco minimizarlos» como señalaba el eminente magistrado varias veces citado. Y, de todos modos, siempre debemos confiar en que los sistemas democráticos tengan los resortes necesarios para proteger nuestro sistema de libertades y evitar posibles regresiones autoritarias.
Y, así las cosas, la cuestión prioritaria es la defensa de una sociedad libre, plural, integradora, tolerante con la diversidad y que sea capaz de frenar a quienes pretenden socavar nuestra democracia. Esa es la verdadera prioridad.
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