Opinión
Los tres estados de la materia política
Uno. Don Moreno Bonilla, baranda oficial de Andalucía la bella, dice en su investidura: «mi carácter y mis valores son sólidos», y promete que no los cambiará, a la vez que recuerda: «nos hacen falta dos escaños, esa es la realidad, y cerrar los ojos a la realidad sería un error». Los estados de la materia en política son los mismos que en la física: sólidos, líquidos y gaseosos. Depende de la temperatura se pasa de uno a otro, según lo reclame la realidad esa de los ojos; y así, señoras y señores, con este aviso, puede prometer y promete, que se la saca o se la mete, la promesa, según la realidad que le vaya poniendo Vox. Eso sí, sonriendo, siempre sonriendo y con mucho estilo; la privatización de la educación y la sanidad entran mejor en la realidad esa sobre la que no hay que engañarse. O sea, que los andaluces no tienen que apurarse ni engañarse, que ya lo ha dicho su baranda: de eso se encarga él.
Dos. En la España sanchista socialcomunista, el Ibex 35 alcanzó a finales de junio un nuevo récord histórico. Casi veinte mil puntos. Lo nunca visto en un paraíso comunista. Este dato tiene asombrado a todo el sistema solar, porque supone el ejemplo más paradójico de la síntesis hegeliana y pide una relectura de la teoría marxista-leninista a la luz del pensamiento de la emperatriz de hojalata, que ha movilizado a su única neurona en el ático, para ver si, alentada por su Rasputín bien macerado en gin, logra imponer su propio conteo del Índice del Ibex, a cuyos encargados de esa valoración tacha de comunistas infiltrados por China para intoxicar y mantener a Sánchez en el poder, mientras avanzan en su dictadura que prohibirá, nada más llegar, la libertad de las cañitas y las media-de-gambas y que los quirones se lo sigan llevando crudo... etc.
Y tres. En el desastre paulatino de la Unión Europea, cuya jefa es probablemente una de las más incompetentes de su historia, otro democristiano, el presidente del gobierno alemán, junto con el griego, el sueco y otros, han firmado un engendro de tratado llamado Pax Silica, donde básicamente se reconoce que Europa dependerá en el futuro de los tecnomagnates de EEUU, que son ya parte esencial del mismo gobierno/estado americano gracias a arrodillarse ante el pato Donald. Para animar más el desastre, Von der Leyen y su encargada de exteriores, Kaja Kallas, otra inútil pregonada, andan a la greña sobre a ver quién la caga más, y para completar la comedia bufa, la encargada para el mediterráneo va a Israel a inclinarse -ella y toda Europa- ante el ministro de exteriores israelí para negociar ella sabrá qué.
Por lo demás, y en realidad, a estas tres desgracias no hay país que las tome en serio, según los indicios.
Y así contamos tres en este juego de verano del chocolate inglés; las cuentas en voz alta con los ojos tapados y cuando los abres la realidad ha cambiado y está más cerca de alcanzarte. Y entonces la pagas.
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