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Opinión

‘Antepresentes’

La escritora aragonesa Marta Borraz se ha inspirado en los cuentos de fantasmas para escribir Los antepresentes, un relato largo, muy inspirado y publicado por Letras del Año Nuevo con ilustraciones de Carlos Aquilué. Y con una esclarecedora cita de Isabel Allende en la primera página: «Creemos en la ficción del tiempo, en el presente, el pasado y el futuro, pero puede ser también que todo ocurre simultáneamente, como decían las tres hermanas Mora, que eran capaces de ver en el espacio los espíritus de todas las épocas».

La trama transcurre en una antigua casa rural aragonesa, donde los «antepresentes», aquellos antepasados que en décadas o siglos anteriores las habitaron continúan residiendo, pues sus espíritus de alguna forma prefirieron dar continuidad en la eternidad a su extinguida existencia corpórea en los mismos lugares donde vivieron. Y donde, con total normalidad, de acuerdo a sus tradicionales usos y costumbres, siguen «haciendo vida», calceta, recetas culinarias, dando cuerda a los relojes o palique unos a otros para matar el rato mientras ocurre algo...

¿Qué? Por ejemplo, que la puerta se abre y entran a la casa un grupo de parientes «presentes», esto es, de carne y hueso, cuyo encontronazo con sus antepasados, pero «antepresentes», que siguen en la casa, es indoloro, insensible, invisible como ellos, pues los brazos o cuerpos de los vivos atraviesan los muertos como el aire detenido y levemente polvoriento de la antigua casa familiar. Que lo es, y mucho, remontándose sus muros allá por el siglo XIV -nos data la autora- y conservando en su interior, en sus alcobas, tesoros, muebles, fotografías de distintas épocas. Paradójicamente, los dueños de hoy traerán un nuevo lenguaje, una nueva manera de reír, de celebrar la vida, cuyo espectáculo asombrará a los primitivos habitantes por lo que de anacrónico tendrán para ellos sus giros verbales y actitudes.

Un relato largo, casi una novelita, que acredita el talento de Marta Borraz y recuerda a los cuentos de Herny James, aquellos fantasmas victorianos que solo a veces se materializaban entre la niebla, al borde de los lagos, pero cuyas presencias perturbaban la existencia de los vivos, condicionándoles, aterrorizándoles, enloqueciéndoles...

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