Opinión | El trasluz
Extraña compañía
Lo sagrado siempre tuvo relación con eso: con aquello que existe independientemente de nosotros

España, vista de noche desde la Estación Espacial Internacional. / ESA
Ceno en casa de un amigo que ha colgado en una de las paredes del salón una gran fotografía del espacio. Las fotografías del espacio están de moda, pero no dicen nada. ¿Por qué entonces las contemplamos con el respeto reservado a lo sagrado? Quizá, se me ocurre, porque no las miramos para ver lo que hay, sino lo que falta. Y lo que falta es todo: aire, ruido, gravedad, conversaciones de ascensor, impuestos, broncas de pareja, olor a café… El espacio exterior produce una impresión religiosa porque parece el negativo absoluto de nuestra experiencia cotidiana. Es el lugar donde no estamos. Decimos “silencio cósmico” y “oscuridad cósmica” como si el adjetivo añadiera información, pero en realidad añade liturgia. “Cósmico” es una palabra que funciona como el terciopelo en las joyerías: vuelve solemne cualquier basura.
Observadas fríamente, resultan decepcionantes. Manchas, puntos luminosos, nieblas de colores que nadie ha visto así realmente, porque muchas de esas imágenes están traducidas cromáticamente para que podamos interpretarlas. El universo resulta poco fotogénico. No hay una farola torcida, una persiana bajada a medias, un cenicero lleno, detalles gracias a los cuales comprendemos el mundo. El cosmos parece un solar antes de la llegada de Florentino Pérez.
Tal vez el respeto que nos producen esas instantáneas provenga de que son las únicas ante las que nuestro narcisismo fracasa. Miramos una fotografía de guerra y enseguida buscamos una historia humana. Miramos una ciudad desde el aire y buscamos nuestra calle. Pero qué hacer frente a una galaxia situada a millones de años luz. El yo resbala por esa superficie negra igual que una mosca por un cristal. Y aun así seguimos mirando. Tal vez porque intuimos que ahí fuera hay algo que nos concierne, aunque no nos tenga en cuenta. Lo sagrado siempre tuvo relación con eso: con aquello que existe independientemente de nosotros. Un bosque antiguo, el mar nocturno, una montaña. Las fotografías del espacio producen una mezcla extraña de humillación y consuelo. Humillación porque revelan nuestra insignificancia. Consuelo porque, aunque el universo no sepa que existimos, nosotros sí sabemos que existe él. Y eso constituye una forma rarísima de compañía. Principio del formulario. Final del formulario.
Fuente: La Nueva España
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