Opinión
Aragonesismo político
El aragonesismo del siglo XXI no debería plantearse como resistencia sentimental, sino como inteligencia estratégica
Escribo este artículo, pensando en los miles de aragoneses que sueñan cada día con un Aragón mejor. Hablar del futuro de Aragón es hablar, inevitablemente, de aragonesismo. No como etiqueta partidista ni como nostalgia identitaria, sino como una conciencia política y social de defensa de los intereses propios de una tierra históricamente situada en un espacio estratégico, pero permanentemente tensionada por fuerzas centrífugas muy poderosas. El aragonesismo no es una ideología coyuntural. Es la expresión contemporánea de una vieja necesidad histórica: la de preservar la capacidad de decisión de Aragón sobre su propio destino.
Aragón fue durante siglos un sujeto político de primer orden en la historia de España y de Europa. La Corona de Aragon no fue solo una estructura territorial; fue una forma de entender el poder basada en el pacto, el equilibrio institucional y la limitación de la autoridad. Frente al modelo uniformador que acabaría imponiéndose tras los Decretos de Nueva Planta promulgados entre 1707 y 1716 por Felipe V y que acabaron con las leyes institucionales propias de la Corona de Aragón y de todos los Reinos que la integraban. La Corona de Aragón representaba una tradición política propia, con instituciones sólidas, derecho propio y conciencia de autogobierno.
La pérdida de ese poder político no fue solo jurídica. Fue también económica, demográfica y cultural. Desde entonces, Aragón ha vivido en una tensión permanente entre centralidad geográfica y periferia política. Aragón está en el centro del mapa, pero muchas veces fuera del centro de las decisiones. Esa contradicción sigue vigente hoy en día.
Hoy Aragón vuelve a encontrarse en una encrucijada histórica: la transición energética, la digitalización, la nueva logística europea y la reconfiguración industrial colocan a Aragón en una posición estratégica inédita. Produce energía, atrae infraestructuras, dispone de suelo y conecta los grandes corredores económicos de la península y con Europa y además es una tierra acogedora y una tierra de pactos.
Pero la pregunta esencial sigue siendo antigua: ¿Será dueño Aragón de ese proceso o mero soporte territorial del mismo? Porque la historia de Aragón enseña una constante: «cuando el territorio pierde capacidad política, otros ordenan su economía». Y eso tiene consecuencias. Hoy más de 266.000 aragoneses (casi el 20%) viven fuera de Aragón y de ellos más de 210.000 viven en otras regiones, la mayoría en las comunidades de Cataluña, Madrid o Valencia. La cifra es significativa no solo por lo que representa cuantitativamente, sino por lo que simboliza: una diáspora silenciosa, constante y estructural. No se van solo personas; se va el capital endógeno y la energía social. Se va juventud, formación, emprendimiento y capacidad de relevo.
Mientras tanto, Aragón envejece... La concentración en Zaragoza se intensifica y amplias zonas del territorio corren el riesgo de quedar reducidas a espacios de explotación energética, de tránsito logístico o de reservorios para Centros de Datos si tienen energía, agua y territorio poco poblado. El viejo problema de la despoblación se transforma así en algo más profundo: la desvinculación progresiva entre territorio y comunidad. Un país puede mantener sus límites administrativos y, sin embargo, perder su proyecto colectivo. Ése es el riesgo.
Sin aragonesismo, Aragón puede convertirse en una pieza subordinada dentro de dinámicas decididas en Madrid, Barcelona, o Bruselas. Puede ser rico en recursos y pobre en poder. Puede exportar electricidad y seguir importando oportunidades. Puede atraer inversiones sin generar arraigo.
A modo de ejemplo podemos hablar de la generación de energía renovable. Con los Nuevos Centros de Datos, a los Ayuntamientos se les paga el 1% de lo que se generará en Aragón. Vamos con la pregunta del millón: ¿en Aragón, en grandes cifras se generarían 75.000 millones de euros y se le compensaría con el 1% (750 millones)?
Y vamos con la segunda pregunta: ¿Quiénes han diseñado este sistema de expolio territorial? Y vamos con la tercera pregunta: ¿Quién va a defender a Aragón y a los Aragoneses de este expolio, que acabará despoblando Aragón para enriquecer a otros territorios? Porque hay otra máxima que no hay que olvidar y que la historia nos ha enseñado: ¿detrás del agua y la energía, se va nuestra gente y lo que es peor, nuestro capital de futuro? Y esto es, en términos históricos, una nueva forma de dependencia.
Y quien puede evitar este expolio: yo lo tengo claro, el aragonesismo. Pero algunas formaciones políticas, ya han demostrado como entienden el aragonesismo. Algunos, en 2004 ya tenían comprados los tubos del trasvase del Ebro. El aragonesismo del siglo XXI no debería plantearse como resistencia sentimental, sino como inteligencia estratégica y no como un producto que vender al mejor postor por un plato de lentejas o por algo peor.
Defender Aragón hoy significa exigir retorno económico por su aportación energética, garantizar equilibrio territorial, retener talento, fortalecer tejido empresarial propio y proteger la capacidad de decisión política. No es una cuestión identitaria en sentido estricto. Es una cuestión de soberanía funcional. De supervivencia histórica.
Porque los pueblos no desaparecen solo cuando pierden población. Empiezan a desaparecer cuando dejan de decidir sobre sí mismos. Y Aragón, que una vez fue constructor de historia, debe decidir ahora si quiere seguir siéndolo o resignarse a ser simplemente escenario de la historia de otros.
Terminaré diciendo que si muere el aragonesismo, morirá Aragón y si hemos llegado hasta aquí es porque los responsables institucionales o no lo han entendido o no lo han querido entender. Pero bueno, vienen nuevas generaciones, nuevas gentes y si hacemos bien nuestro trabajo, Aragón tiene futuro y capacidad de decisión propias. Como siempre, el futuro lo tenemos en la escuela... y en el aragonesismo.
- Así es el restaurante de Ander Herrera en pleno centro de Zaragoza: cocina tradicional, diseño moderno y alma zaragocista
- El centro comercial Plaza Park de Zaragoza desvela su oferta comercial: estas son las cuatro primeras tiendas que llegarán al complejo
- Un incendio en las Cinco Villas obliga a evacuar tres pueblos de Zaragoza: 'Tiene un gran potencial de destrucción
- Expertos en aire acondicionado y arquitectos coinciden: 'No apuntes el ventilador hacia las personas, ponlo junto a la ventana para renovar el aire de la habitación
- ¿Línea 2 del tranvía en Zaragoza? Natalia Chueca encarga un estudio para unir el eje este-oeste de la ciudad
- El refugio de Elena Rivera (33 años) en Zaragoza: un barrio familiar, vecinos de toda la vida y un edificio histórico
- El bar de Zaragoza que cerró a principios de verano en el mercado de San Miguel anuncia su reapertura: 'Volvemos con más fuerza y más ilusión
- Fin a la etapa de Mariano Aguilar en el Real Zaragoza: el vuelco en el consejo de administración será casi total
