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Opinión | editorial

Fin a la excepción andaluza

Juan Manuel Moreno Bonilla, en Andalucía, ha sido hasta ahora, junto con Alfonso Rueda en Galicia, el rostro visible del PP moderado y centrista que reclaman muchos españoles como alternativa a un PSOE que perdió ya en 2019 cualquier complejo para pactar con partidos situados a su izquierda. Por las mismas razones que consiguió la mayoría absoluta en el año 2022, Moreno la ha perdido ahora y se ha quedado a dos escaños de conseguirla. Y pese a sus esfuerzos, el precio que han puesto desde Vox es el mismo que el que han cobrado en Extremadura, Aragón o Castilla y León, donde eran más necesarios. Y los de Abascal, finalmente, también estarán en el Gobierno andaluz.

Lo primero que hay que recordar es que esta no es la única fórmula posible para desbloquear la situación en Andalucía, igual que en otras comunidades autónomas. Aunque hoy por hoy sea políticamente inviable, aritméticamente el PP y el PSOE podrían configurar una mayoría holgada e incluso una abstención pudiera haber sido suficiente, aunque no daría la estabilidad deseable. De esta manera, la lógica de los bloques condena a los partidos que quedan en primera posición a gobernar con sus respectivos extremos, en lugar de gobernar con las ideas que comparten la mayoría de los electores.

Moreno fue especialmente contundente en la campaña electoral contra Vox para arañar la mayoría absoluta y ahora el movimiento que ha tenido que hacer ha sido brusco, aunque no de mayor intensidad que el que han hecho antes María Guardiola, Jorge Azcón o Alfonso Fernández Mañueco. Ni tampoco es mucho más exagerado que el que ha hecho el PSOE respecto a Podemos y a Sumar en temas como la ley del sí es sí, los decretos de la vivienda o la legislación laboral. Tenemos que acostumbrarnos a que la democracia exige pactos entre diferentes que nunca gobiernan cuando lo hacen juntos como si lo hicieran en solitario. Vox, implacable, y en este punto en connivencia con la dirección nacional del PP, ha aplicado la misma plantilla: competencias en agricultura, igualdad, esto que ahora llaman desregulación y utilización de la expresión "prioridad nacional" para designar lo que constitucionalmente no puede ser otra cosa que «arraigo».

Posiblemente, con los mismos resultados: la imposibilidad de cambiar con sus pocos escaños, necesarios para gobernar, pero insuficientes para reformar normas que forman parte del bloque constitucional, español y europeo. Por mucho que Andalucía tenga una consejería de desregulación tendrá que aplicar las normas de la UE como cualquier otro. Aunque con una visión cortoplacista alguien pueda alegrarse de que el PP moderado pierda otra excepción, la realidad es que una vez cerrado este ciclo de investiduras autonómicas, el PP de Núñez Feijóo debe de dejar de dar la sensación de dar tumbos en temas que pone Vox en circulación, como el de la Ley de nietos, a los que se suman irreflexivamente hasta que constatan que los desnaturalizan como lo que son: un partido liberal conservador y europeísta, partidario de la democracia liberal.

Es verdad que cuando un partido está en la oposición no se puede permitir voces disonantes, pero la de Moreno Bonilla no debería diluirse, porque para muchos votantes del PP y para la mayoría de los demócratas ha sido y sigue siendo una referencia de sentido común y de defensa de las instituciones, como ocurrió durante los días posteriores al accidente de Adamuz.

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