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Opinión

No eclipsen el eclipse

Al atardecer del 12 de agosto, la Luna se colocará entre la Tierra y el Sol bloqueando la luz de nuestra estrella y cundirá la oscuridad. Si tienes la suerte de vivir en la franja de totalidad, con una visual perfecta (norte y centro peninsular e islas Baleares), corres un riesgo añadido. No me refiero a quemarte los ojos por mirar el eclipse como si fuera un crepúsculo veraniego cualquiera, sin gafas protectoras. Se puede interponer un obstáculo inesperado: un forastero que te eclipsará el eclipse. Porque no solo existe el típico aficionado a escrutar el cielo que reservó hace seis años una habitación en el hotel con vistas aseguradas.

Cualquier turista con ganas de sumarse al mogollón tiene derecho a disfrutar del ocaso total, que para eso ha venido y ha alquilado un coche. Y sobre todo dispondrá de más tiempo. Dado que el milagro celestial ocurrirá un miércoles laborable, quienes se encuentran de vacaciones sentirán menos pereza a la hora de acercarse a algún lugar con buena visibilidad.

Las políticas desplegadas para la gestión del eclipse consisten en disuadir a los residentes de que lo vean si han de trasladarse fuera de su domicilio. Se trata de que dejen sitio a prójimos atraídos por el reclamo publicitario del eclipse cuyo nivel de satisfacción interesa más a la economía local. Las carreteras que conducen a montañas y miradores se van a cerrar, extendiendo el veto que en temporada alta afecta a calas apreciadas. Se lanzan mensajes de precaución por caos y abarrotamiento, se organizan dispositivos de emergencias pero no refuerzos de transporte público a santuarios de observación. Así las cosas, el estado de ánimo de la ciudadanía oscila entre el miedo y la abulia. Algo tan simple como buscar un lugar despejado y alzar la mirada se vislumbra como un agotador marrón de proporciones cósmicas.

De alguna manera tendremos que salir de este estado de ánimo derrotista y hacer planes para el eclipse. Recuperar la emoción por asistir a un espectáculo como el gran apagón del sol, un momento irrepetible que el universo organiza para nuestro deleite. Con sus inconvenientes, pero podría ser peor. Levantar la vista y que sea un asteroide, o una tonelada de chatarra espacial...

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