Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión

Vacaciones parlamentarias

Sus parlamentarias señorías se han ido de vacaciones, dejando las cosas, más o menos, tal como estaban. Ahí sigue el presidente Sánchez, contra viento y marea, con toda clase de juicios abiertos, gente en la cárcel, más gente por entrar a prisión, pero indiferente a su suerte, atento solo a sus fieles.

Ahí sigue el jefe de la oposición, hombre tranquilo, sin prisa por gobernar, disfrutando con las derrotas y torturas de los socialistas y hablando con los de Puigdemont, por ver de hacer en Madrid y Barcelona.

Ahí sigue la izquierda de la izquierda, raras mariposas ideológicas atrapadas por el alfiler del poder, exhibidas en vitrinas como anacrónicas colecciones de revoluciones pasadas.

Ahí siguen los fariseos del PNV, cuya nacionalcatólica hipocresía repugna a todo el mundo hasta el momento de sumar sus cuatro votos mal contados en una aritmética parlamentaria que los partidos -incluido Feijóo y su improvisada reforma- precisan.

Ahí sigue el fantasma o el diablo de la corrupción, ampliando su campo a instituciones y funcionarios públicos, y el espectro de sus comisiones ilegales a liberados, asesores o fontaneros de los partidos de quienes, cuando caen, se reniega como apestados.

Ahí sigue Zapatero, intentando recordar quién le regalaba joyas, quiénes y por qué ingresaban en sus cuentas, donde comía, dormía... Ahí siguen Cospedal, Aznar, Rajoy, sin reconocerse en los apuntes de Bárcenas, en las oscuras operaciones policiales de sus ministros, como si aquella negra página la hubiera escrito una mano ajena.

Ahí sigue Felipe González, tan ignorante de los GAL como de su supuesta fortuna, pidiendo elecciones y soportando (muy mal) que lo llamen traidor aquellos que (pensará) debieran besar el sueldo que le deben. Ahí siguen los presupuestos del Gobierno central y de la mitad de las Comunidades Autónomas sin presentar, sin aprobar, patéticamente prolongados en claro perjuicio a la ciudadanía.

Y ahí, finalmente, pero no de vacaciones, sigue el pueblo, atónito, desnortado, harto, tratando de llegar a fin de mes sin dejar de disfrutar de la vida en el último país donde, pese a la baja casta de su alta clase política, todavía es posible hacerlo.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents