Opinión

Director de "El Periódico de Aragón"
Zaragoza ya no es una capital de provincia
La ciudad está obligada a ser valiente, afrontar desafíos, pensar en grande y despojarse de sus complejos para pasar a ser un referente europeo

Vista general del recinto Expo desde la azotea de la Torre del Agua de Zaragoza. / Josema Molina
Los rigores del verano castigarán la próxima semana a Zaragoza, una ciudad sumida en la paradoja de que puede verse sometida a temperaturas superiores a los 40 grados aunque pocos días antes haya que echar mano de la chaqueta porque, aunque sea julio, todavía puede refrescar por la noche. Así es Zaragoza, una ciudad de contrastes, con una meteorología sometida continuamente al cierzo, a la niebla y a una oscilación térmica que tiene desconcertados a sus ciudadanos aunque estos lleven décadas residiendo en una ciudad que, pese a todo, está muy viva. Es posible que la propia meteorología esté detrás de los complejos que históricamente atenazan a la capital aragonesa. O quizá estos obedezcan a que se encuentra en un cruce de caminos entre grandes ciudades que se han visto beneficiadas por el efecto capitalidad (Madrid), por su acceso directo al mar (Bilbao, Valencia y Barcelona), por sus privilegios y por la capacidad de influencia política que las comunidades que lideran han tenido en la configuración de los sucesivos Gobiernos de España. Estos factores y otros, como el éxodo de miles de ciudadanos a estas grandes urbes y la ausencia de expectativas de futuro de una ciudad a la que le ha faltado autoestima, han provocado que durante décadas Zaragoza se autoperciba como más pequeña y menos pujante de lo que verdaderamente es.
La conciencia colectiva de la ciudad, más proclive a señalar los errores del prójimo que a alabar los logros de sus gestores, de las empresas y los zaragozanos que construyen cada día la capital aragonesa ha sido otro de los factores que ha contribuido a dilapidar ilusiones y a frenar la capacidad de progreso de Zaragoza. La falta de valentía para acometer retos y pensar en grande fueron y todavía son lastres de los que conviene ir despojándose poco a poco. Dejar de pensar en una capital de provincia para pasar a hacerlo como una capital europea es un cambio que hay que instaurar ya. Zaragoza tiene razones de sobra para hacerlo. Quizá no se sienta así desde dentro, desde el paseo Independencia, la plaza del Pilar, Delicias, Torrero, San José o desde cada uno de los barrios que integran la ciudad, pero desde luego sí que se percibe más allá del cuarto cinturón y de los límites físicos que marca la comunidad aragonesa.

Vista aérea del Actur. / MIGUEL ÁNGEL GRACIA
El crecimiento de la población y la capacidad de la ciudad para atraer nuevos residentes ha quedado constatado en los últimos años, no solo porque se trata de una urbe cómoda, accesible y acogedora sino también porque está configurando un ecosistema empresarial muy sólido, capaz de consolidar inversiones y atraer nuevos proyectos. Y porque el mundo de la cultura, el deporte, la investigación y la sociedad en general desea mostrar el potencial que atesoran. Es la hora de escuchar, creer e ilusionarse.
Más gestión que política
Zaragoza celebrará en apenas dos semanas el debate sobre el estado de la ciudad. Se trata de una cita que llegará los días 15 y 16 de julio y es muy posible que los ciudadanos no puedan sacar unas conclusiones claras, aunque será un buen momento para que la alcaldesa, Natalia Chueca, haga balance de la gestión de los tres últimos años y ponga en perspectiva las posibilidades de una ciudad que no ha de pensar en las elecciones municipales de 2027 sino mucho más allá.
El dinamismo de la capital no puede tener en la política un cuello de botella, sino que es esta la que ha de servir para canalizar toda la energía de una ciudad que sufrirá una transformación sin precedentes hasta 2030. La metamorfosis será completa y abarcará desde el urbanismo hasta la movilidad, pasando por la vivienda, la configuración de la sociedad, el ecosistema empresarial, el ocio y la cultura. El proceso ya ha comenzado con la consolidación de la ciudad como un polo de atracción y de interés nacional e internacional, pero también con el cambio de imagen que va a experimentar en los próximos años con la consolidación de Expo Empresarial, el crecimiento de Arcosur y Parque Venecia como nuevas zonas en expansión, la finalización de las obras de la Nueva Romareda, la llegada más pronto que tarde de grandes conciertos, el tirón de la logística, la tecnología y el automóvil, las nuevas conexiones del aeropuerto a nivel internacional y las acciones que se están desarrollando y que verán la luz antes de 2030
Zaragoza está obligada a reinventarse para abrir una nueva era, esta vez sin complejos y convencida de que es una referencia en el sur de Europa.
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