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Opinión

Una OTAN más europea

La ruptura del vínculo atlántico está totalmente descartada. Por parte de los socios europeos, pero también por parte de Estados Unidos, por mucho que Donald Trump, en plena campaña para las elecciones intermedias de noviembre, quiera jugar a reñir en público a los socios que no le gustan. Y aquí cabe decir que, al presidente español, Pedro Sánchez, no le incomoda ser el blanco de sus críticas. Más bien lo contrario. Le estimula electoralmente, aunque ello sea contrario a los intereses generales de España. Con todo, lo más decisivo de la cumbre de la OTAN que se celebra hoy y mañana en Ankara no es el juego de miradas y exabruptos entre Trump y Sánchez, sino la estabilización del vínculo atlántico tras las trifulcas de Trump sobre Ucrania, Groenlandia, Irán y el gasto de defensa de los países europeos que son socios de la Alianza.

Trump llega a Ankara con dos sonoros fracasos sobre sus espaldas: el presunto acuerdo con la Rusia de Putin para poner fin a la guerra de Ucrania, en la que la organización está directamente implicada, y el fiasco de Irán, en el que se dejó llevar por su socio israelí sin contar con la opinión de sus socios de la OTAN, a los que reclamó con escaso éxito su apoyo cuando las cosas no le funcionaron. Ucrania, gracias al apoyo de la UE y de la OTAN, está poniendo en evidencia las debilidades de Putin, al que Trump quería salvar de la vergüenza con un acuerdo que no se corresponde a lo que está pasando en el campo de batalla.

El apoyo de los 27 a Zelenski ha sido decisivo para no verse obligado a seguir el designio de Trump. Más gachas debe llevar las orejas el dirigente norteamericano en el caso de Irán, donde ha acabado apuntalando al régimen que pretendía derrocar. No esperamos una actitud humilde de Trump tras estos dos tropiezos, más bien lo contrario. Pero sí que es posible que sus socios no agachen tanto la cabeza como lo hicieron en la cumbre anterior, especialmente el secretario general Mark Rutte. Y eso puede ser suficiente para cambiar el clima en el seno de esta organización. Trump no suele subir la apuesta si alguien se la dobla. Queda pendiente el tema de Groenlandia, que no parece una prioridad, ya que todo apunta a que el conejo que quiere sacarse de cara a la campaña electoral de noviembre es el de Cuba, que, además, es el más apetitoso para su secretario de Estado, Marco Rubio, que pretende recoger su legado para entregarlo a la ortodoxia republicana.

Donde sí que ha ganado la partida Trump, y posiblemente porque era una reivindicación de los Estados Unidos y no solo de su administración, ha sido en el incremento del gasto de defensa de los países europeos de la OTAN. En el año 2025, el gasto militar de los países europeos ha crecido un 20%, mucho más que el de China y tres veces más que Rusia pese a estar inmersa en la guerra de Ucrania. El presupuesto de la OTAN es más europeo, como quería Trump, y sin romper la alianza. En dos asuntos clave se ha impuesto la posición europea: Ucrania e Irán. De manera que de la cumbre de Ankara tiene que salir una alianza con más impronta europea, con más acento multipolar, con más respeto por las reglas. Quien paga un poco más tiene derecho a mandar un poco más. Sobre todo, si analiza mejor las consecuencias de ciertos actos, también de los militares.

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