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Opinión

Sombreando las casas

El calor es como una bofetada que hace que las casas vivan dominadas por la oscuridad y las ciudades queden yermas cuando el sol impone su tiranía

Hablar del calor en estos días es lo normal. Porque hace calor y es como una bofetada que hace que las casas vivan dominadas por la oscuridad y las ciudades queden yermas en sus horas centrales cuando el sol impone su tiranía. Ya de mañana comentas con aquellos que te cruzas que el día viene duro en la ribera del Ebro y vendrá duro en otros muchos lugares de España con temperaturas que superan los 40 grados en la que ya es la segunda ola de calor en un verano que no ha hecho más que comenzar. Por eso, en las noticias, repiten lo del calor abusivo, explican cómo hidratarnos y evitar el sol en sus horas centrales, hablan del número de muertos por lo de la ola y señalan que cada año son más y todavía hay quien mantiene que no es para tanto, que siempre ha hecho calor en verano y que los anticiclones son y eran la tónica en España. Y no dices nada porque para qué, si hasta hay quien sostiene que desde que recuerda las olas han sido las mismas y alcanzando iguales temperaturas año tras año y durante sesenta que es la edad que ha cumplido quien me repite ese mantra de que todo sigue igual aunque nada esté igual. Pero lo mejor es callar y dejar que el aire de la madrugada te acaricie el rostro ahora que sí se pueden abrir las ventanas que han permanecido selladas durante todo el día con las persianas bajadas y los toldos formando cascadas de color en los edificios que recuerdas, pero no ves porque vives en un mundo de perfectos interiores donde la luz se cuela como de madrugada tibia.

El calor en sí mismo es una noticia y este verano a las noticias habituales se ha sumado esa que nos hace únicos enfrentándonos a las olas porque tenemos persianas, porque sabemos esquivar al sol, porque siempre nos preocupó la orientación, porque sabemos que hacia el norte se respira y hacia el sur se dormita. Por todo ello oscurecemos la casa cuando el sol arrecia y dejamos que solo se escuche el latir de un ventilador que es el corazón que nos permite respirar cuando fuera la ciudad se derrite.

Dicen que somos sabios en eso del calor y por eso países como Francia quieren aprender y tendrán que hacerlo y saber que cuando los 40 grados se superan hay que acariciar la penumbra y dejarte sorprender por los sueños que el calor desatiende para que nosotros los construyamos entre el sudor y un duermevela que se alarga y no encuentra consuelo porque la madrugada es un suspiro breve que no da tregua ante un calor que volverá otro día más y la casa será cueva o no será y si no lo es será solo infierno.

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