Opinión | Miel, limón & vinagre
Emiliano García-Page, Don Quijote Sánchez y Sancho Page
El líder autonómico ‘pentito’ no puede fiar la continuidad a su rango de lanzador de alertas o chivato del socialismo

Emiliano García-Page, presidente de Castilla-La Mancha.
Los socialistas italianos y franceses se han extinguido, el SPD que financiaba al PSOE se arrastra en Alemania como apéndice de la democracia cristiana. Con este panorama en medio de la batalla, el principal peligro para la subsistencia del socialismo español no radica en el martilleo insistente de Emiliano García-Page en medios de derechas, sino en la pasividad de Ferraz ante su catastrófico líder único sanchista. El último comité federal es lo más próximo que ha dado la izquierda a una secta evangelista.
Para quienes han prestado cierta atención a Pedro Sánchez como el San Sebastián más asaeteado de la democracia española, la crisis sobrevino el día en que descubrieron aterrorizados que estaban asintiendo ante el discurso de Page, sobre la infantería sacrificada en provincias para preservar al cuartel general madrileño. En especial, cuando el presidente castellanomanchego apostilló que esta escabechina ni siquiera iba a salvar al famoso 'Uno'.
En el PSOE es más difícil encontrar una mayoría absoluta que un dirigente no imputado. El presidente de Castilla-La Mancha cabalga ambos unicornios, aunque en realidad monta un jumento en la extraordinaria peripecia de Don Quijote Sánchez y Sancho Page. El odio que se profesan fue estampado por el infiel escudero al resaltar que "los búnkeres son una prisión, en terminología actual, una sauna". A un calentón de Díaz Ayuso.
La animadversión mutua es tan acentuada que una corriente sociológica niega a Sansón Sánchez la voluntad de aplastar al PSOE, y asegura que el presidente del Gobierno solo aspira a provocar la derrota de Page. Se acaba de comprobar la eficacia de la figura del arrepentido ante el Supremo, pero las urnas son más duras que cualquier tribunal, y el líder autonómico ‘pentito’ no puede fiar la continuidad a su rango de lanzador de alertas o chivato del socialismo.
Habrá un PSOE antes y otro muy distinto después de las joyas familiares de Zapatero. En fin, no está garantizado un futuro para la regeneración, pero cuesta imaginarlo capitaneado por el autor del comentario machista de mayor gradación surgido de un dirigente político, dirigido además contra su descendencia. "Mi hija estudia el cuerpo humano, pero su hermano hace las prácticas". Cambien el orden de los géneros si se atreven, casi es preferible haberse criado en una sauna.
Al igual que sucede en la epopeya cervantina, Page abunda en más razones que su amo, pero esta feracidad discursiva no le garantiza un futuro en el PSOE desprestigiado. Por otra parte, quién querría un porvenir compartido con los miembros del consejo de ministros, sin tirón ni como candidatos provinciales.
En efecto, van transcurridos seis densos párrafos sin adentrarse en el meollo de la cuestión, Sánchez es más atractivo que Page. O lo fue, porque ha emborronado hasta su currículum anatómico adelgazando al mismo ritmo que su crédito. Y por mucha "ingeniería electoral" que apliquen los 'woke', también se puede votar a Adolfo Suárez o a Obama por su capacidad de seducción.
Doce años en el poder son una eternidad, también en la tercera región española por extensión, muy por encima de Aragón. Aunque en condiciones más rugosas, Page sigue por detrás de otro de sus rivales internos, el imbatible José Bono a quien hubo que nombrar ministro de Defensa para arrancarlo del toledano palacio de Fuensalida, donde estaba radicado a perpetuidad.
Si costó creer en Sancho Page, fue porque todavía no se había agravado la locura de Don Quijote Sánchez, pero sobre todo porque la pureza es siempre sospechosa en un líder político. El presidente castellanomanchego predica en Madrid verdades que incumplió en su feudo, y que sus nuevos amigos cavernícolas se olvidan de refregarle.
Después de bregarse en la alcaldía de Toledo, nuestro protagonista alcanzó la presidencia de Castilla-La Mancha en las autonómicas de 2015.
Sucedía a María Dolores de Cospedal, que tampoco es para presumir. Ahora bien, para acceder al cargo tuvo que olvidar que no había sido la fuerza más votada, liderazgo que correspondió al PP.
Es decir, Page no siempre ha obedecido los postulados que ahora considera marmóreos. Gobernó sin necesidad de ser el primero en sufragios, un baldón para quien hoy reprocha implícitamente a su Don Quijote la condición de segundón. Y lo bueno siempre está por venir, así que el bálsamo de Fierabrás que coronó al Sancho de esta historia se llamaba Podemos. Lo que faltaba, el mismo partido que ha desvirtuado la ortodoxia de Sánchez en el flamígero discurso actual de Page. ¿Qué otra desgracia puede abatirse sobre este partido? ¿Una sangría de militantes convencidos de que Don Felipe González ha recobrado la razón?
Fuente: Diario de Mallorca
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