Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión

¿Necesidad de aprobación? Esta es la solución

Buscar la aprobación de los demás es completamente normal. Somos seres sociales y, desde pequeños, aprendemos que pertenecer al grupo, sentirnos valorados y recibir reconocimiento tiene un papel importante en nuestro bienestar. El problema no aparece cuando nos gusta que nos valoren. Aparece cuando empezamos a necesitarlo para sentir que valemos.

En ese momento, la opinión de los demás deja de ser una información más y se convierte en una especie de juez permanente. Un comentario puede cambiar el estado de ánimo de todo el día. Una crítica pesa mucho más que diez elogios. Y una decisión empieza a medirse no por lo que uno quiere, sino por la reacción que puede provocar.

Lo complicado es que este cambio suele producirse poco a poco. La persona no siente que haya renunciado a sí misma. Simplemente se acostumbra a consultar constantemente el exterior para saber si va por el buen camino.

El verdadero miedo no es al rechazo

Cuando hablamos de necesidad de aprobación, parece que el problema sea soportar mal que alguien nos critique. Pero, en realidad, suele haber algo más profundo.

Muchas personas no temen una opinión negativa en sí misma. Temen lo que esa opinión significa sobre ellas. Si alguien las rechaza, sienten que quizá no son suficientes. Si decepcionan a alguien, interpretan que han fallado como personas. Es decir, convierten una experiencia concreta en una conclusión sobre su propio valor.

Por eso la necesidad de aprobación resulta tan agotadora. Porque cada interacción deja de ser simplemente una conversación o una decisión. Se transforma en una evaluación constante de quién eres.

Y vivir sintiendo que estás siendo evaluado todo el tiempo termina generando mucha ansiedad.

La solución no consiste en dejar de importar lo que piensen de ti

Existe una idea bastante repetida: «No te importe la opinión de los demás». Suena bien, pero resulta poco realista. A todos nos afecta, en mayor o menor medida, cómo nos perciben las personas importantes para nosotros.

La diferencia no está en que deje de importarte. Está en el lugar que ocupa esa opinión.

Cuando la valoración de los demás es el único criterio para tomar decisiones, acabamos perdiendo el contacto con el nuestro. Dejamos de preguntarnos qué queremos, qué pensamos o qué necesitamos, porque toda la atención está puesta en cómo reaccionarán los demás.

Por eso la solución no pasa por ignorar las opiniones externas, sino por recuperar una referencia interna que también tenga peso.

La pregunta que cambia muchas cosas

Hay una pregunta sencilla que puede ayudarte a detectar cuándo estás actuando desde la necesidad de aprobación: «Si nadie fuera a juzgar esta decisión, ¿seguiría haciendo lo mismo?» No siempre resulta fácil responderla. Pero precisamente por eso es tan útil.

Muchas veces descubrimos que llevamos tiempo diciendo que sí cuando queríamos decir que no. Aceptando planes que no apetecen, evitando conversaciones incómodas o persiguiendo objetivos que, en realidad, responden más a expectativas ajenas que a deseos propios.

No se trata de empezar a hacer siempre lo contrario de lo que esperan los demás. Se trata de comprobar si, en algún momento, tu propia opinión ha dejado de formar parte de la decisión.

La aprobación es agradable, pero no debería convertirse en una necesidad

Sentirse valorado por los demás es algo que todos disfrutamos. No hay nada patológico en ello. El problema aparece cuando esa aprobación deja de ser un complemento y se convierte en una condición para sentirse bien con uno mismo.

Porque entonces cada crítica pesa demasiado, cada desacuerdo genera culpa y cada decisión parece necesitar un permiso externo para ser válida. La verdadera solución no consiste en dejar de escuchar a los demás. Consiste en volver a escucharte también a ti. Y ese cambio, aunque pueda parecer pequeño, transforma muchas cosas. Porque cuando tu valor deja de depender exclusivamente de cómo te miran los demás, empiezas a recuperar una libertad que probablemente llevabas demasiado tiempo dejando en manos ajenas.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents