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Opinión | tejiendo palabras

rafael sánchez sánchez

Sender iluminó Calatorao

Este pasado jueves tuve el honor de participar en un coloquio sobre Ramón J. Sender con motivo del 125º aniversario de su nacimiento, y de los 50 años transcurridos desde que este ilustre escritor visitó Calatorao. Me invitó al acto Gloria García Uriol, maestra rural jubilada que disfruta dinamizando el club de lectores surgido espontáneamente en 2014. Desde entonces, vienen realizando lecturas de autores diversos, especialmente aragoneses. Ya han pasado por Calatorao más de setenta escritores, y de todos ellos se han leído algunas de sus obras. En este coloquio participaron dos miembros del citado club: Fernando Carnicero, columnista de EL PERIÓDICO DE ARAGÓN, y Gloria García Uriol. Además, intervino Javier Ruíz Poza, quien nos relató la inolvidable jornada que vivió junto a Sender cuando, en mayo de 1976, un grupo de personas y su abuelo Genaro Poza –reconocido periodista y abogado en Zaragoza–, recibieron al escritor de Chalamera y lo acompañaron a Calatorao para entregar un premio literario que llevaba su nombre.

En este coloquio disfrutamos de unas fotos inéditas realizadas con motivo de la visita de Sender, donadas por Javier Ruiz; con gran emoción fue desgranando todo lo sucedido en aquella memorable jornada. En mi intervención tuve la oportunidad de exponer aquellos rasgos más relevantes de la figura de Sender y de su extensa obra literaria, una producción inabarcable en la que abundan auténticas joyas literarias, cuya calidad pudo haber merecido, en su momento, figurar entre los candidatos al Premio Nobel de Literatura.

Los calatorenses se mostraron muy satisfechos al comprobar que su pueblo puede atribuirse el honor de haber recibido hace cincuenta años a uno de los genios de las letras españolas del siglo XX. En las conversaciones que tuve con algunos miembros del club de lectores, en su mayoría mujeres, me expresaron cuánto habían disfrutado con la lectura de varias obras de Sender y cómo habían descubierto algunos de los rasgos más significativos de su personalidad literaria: una prosa natural y directa, la crudeza de su realismo, su denuncia de la injusticia social y su profundo arraigo en la cultura rural aragonesa. Las tres obras más leídas por estos lectores han sido Réquiem por un campesino español, Imán y La tesis de Nancy: tres títulos de extraordinaria riqueza literaria e histórica.

Quedé gratamente impresionado por el numeroso público que se congregó en esta celebración, movido por el interés que sigue despertando la figura de este literato, uno de los mejores escritores españoles del siglo XX. También me produjo una gran satisfacción comprobar cómo, en un pueblo rural, la ciudadanía se organiza para impulsar iniciativas como este club de lectores, que cuenta, además, con el apoyo decidido de su alcalde, David Felipe Lallana.

La lectura sigue siendo una de las mejores herramientas para promover la reflexión, el diálogo y el debate. El acto de leer aporta beneficios a nuestro cerebro, enriquece el espíritu y favorece nuestro desarrollo personal y social. Cuando compartimos lecturas aprendemos a interpretar mejor los textos, contrastamos puntos de vista, reflexionamos, dialogamos, fortalecemos el pensamiento crítico y creamos vínculos humanos. Además, la lectura estimula la imaginación, despierta la creatividad y contribuye al desarrollo emocional. Son muchas las experiencias que demuestran que estos clubes de lectura constituyen el germen del que nacen lectores comprometidos y nuevos escritores. En tiempos difíciles en los que la sociedad necesita, más que nunca, procesos de humanización, la lectura es, como afirmaba Paulo Freire, un acto de emancipación, de liberación y de autodeterminación.

Hoy quiero dedicar especialmente esta columna a todos los integrantes de este club de lectores por haberme permitido participar en este coloquio, y a todas las personas que acudieron con el deseo de acercarse a la vida y la obra de Ramón J. Sender. Los beneficios de la lectura pude verlos reflejados en los rostros de los asistentes, especialmente en sus sonrisas y en sus comentarios. Por mi parte, mereció la pena adentrarme, una vez más, en la figura de este prolífico autor, cuya obra posee una inmensa riqueza narrativa, histórica y ética. Me llevé el cariño de la gente. El resultado fue claro: el pasado 2 de julio, Sender volvió a iluminar Calatorao.

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