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Opinión

Zaragoza

OTAN, de salida no

Desde aquel «OTAN, de entrada no» de los años ochenta a este actual «OTAN, de salida no» que acaba de formular Pedro Sánchez frente a las amenazas de expulsión de Trump, la integración de España en la alianza ha supuesto un avance irrenunciable en seguridad

Uno de los errores de análisis más habituales consiste en confundir la parte con el todo (sinécdoque). Identificar, por ejemplo, a Donald Trump (la parte) con Estados Unidos (el todo). Sería, en analógica puridad, un yerro tan burdo como el de confundir a Venezuela con Nicolás Maduro, a Cuba con los Castro, a Rusia con Putin o a los pobres argentinos (en sentido político y económico) con Milei.

Una vez diferenciados ambos conceptos, entendiendo que su actual presidente tan solo es un elemento del acuerdo global, resultará más fácil analizar la relación militar de España con los Estados Unidos y con la Organzación del Atlántico Norte. Desde aquel «OTAN, de entrada no» de los años ochenta a este actual «OTAN, de salida no» que acaba de formular Pedro Sánchez frente a las amenazas de expulsión de Trump, la integración de España en la alianza ha supuesto un avance irrenunciable en seguridad.

Pero este pájaro, el mercachifle, como lo llama Felipe González, la parte accidental, opinable o matizable del Tratado, no es sino un presidente de los Estados Unidos más (pero tampoco menos), con su correspondiente fecha de caducidad. Puede declarar una guerra, como ha hecho; puede ser cómplice en la destrucción de miles de vidas y viviendas, como así lo ha reconocido; podría, incluso, tirar una bomba nuclear, lo que no es absoluto descartable; pero, al final, por suerte –y porque así se lo ordena su Constitución–, se irá a su casa y otro vendrá que más malo lo hará.

¿Quién, otro republicano, un demócrata? Para los intereses occidentales en su conjunto sería muy bueno que el partido de Obama se recuperase y presentara un candidato ganador. Un nuevo presidente norteamericano capaz de reordenar todo lo desordenado o destrozado por este individuo mezquino, desequilibrado, insensato y francamente peligroso que duerme en la Casa Blanca con el maletín nuclear a los pies de la cama.

Cuando al fin Occidente, en particular, y el resto del mundo, en general, se haya librado de este patán podrá volverse a trabajar en serio con Estados Unidos en materia geo-estratégica, militar o nuclear. Retomar la cooperación con Ucrania; con la propia OTAN; con esa Venezuela absurdamente intervenida y al mismo tiempo «congelada» en el chavismo; con los palestinos, con la Cuba asediada…

No confundir la parte con el todo (sinécdoque).

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