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Opinión | CON SENTIDO/SIN SENTIDO

Capitalismo versus cristianismo

Sostiene Escohotado, uno de los contados liberales coherentes que en España han sido, que capitalismo y comunismo son difícilmente compatibles. Su magna trilogía Los enemigos del comercio desarrolla diacrónicamente ese antagonismo. Poco sabemos del Jesús histórico, aunque todo apunta, según el especialista Piñero, a un radical profeta judío opuesto al poder romano. Los Evangelios, redactados por seguidores de Pablo de Tarso en contexto helenista, insisten en ese desapego de las riquezas («no podéis servir a Dios y al dinero») tan presente en las Bienaventuranzas o parábolas como las de El joven rico. Tras globalizarse el mensaje paulino, vertebrado en la caridad y el Cristo resucitado que redime a gentiles y judíos, el emperador Constantino inició una colaboración creciente entre el poder y una Iglesia que no hizo ascos a las riquezas. En esa cooperación dialéctica los concilios mantienen la retórica contra el lucro, pero se asimila la praxis mercantil desde el siglo XII, cuando conviven el auge de la burguesía y las ciudades con el Císter, las órdenes mendicantes o herejías como la cátara, anhelantes de la pobreza y el comunitarismo del primitivo cristianismo.

Florencia y Flandes habían cimentado las bases el capitalismo mercantil desde la Baja Edad Media, por mucho que Weber lo atribuya al protestantismo. La Contrarreforma mantuvo el discurso contra la usura, pero la católica monarquía hispánica, merced a las riquezas y al comercio americanos, había convertido a Sevilla en el mayor emporio conocido. A partir del XVIII la Iglesia Católica se fue oponiendo a los avances ilustrados y del liberalismo, lo que no le impedía pactar con el creciente poder burgués. A quien sí se opuso, en teoría y de facto, fue al comunismo ateo, por mucho que su doctrina social siguiera, desde León XIII, condenando los «excesos del capitalismo». La guerra civil española demostró que, ante una acuciante disyuntiva, la jerarquía eclesiástica tragaba con el capitalismo y el fascismo con tal de detener al Satán rojo.

La reciente visita de León XIV ha vuelto a poner de manifiesto esas contradicciones. Las derechas católicas le aplauden a rabiar y, al día siguiente, contradicen sus llamadas a la concordia para seguir apoyando el capitalismo salvaje y las políticas antiinmigración que Prevost condena. Mientras Cope y 13TV jalean al Papa, sus comunicadores estrella refrendan las políticas de PP y Vox: una cosa son las inviables proclamas del cristianismo genuino y otra los negocios mediáticos, docentes o de todo tipo que lucran a católicos e Iglesia en el capitalismo. El oxímoron continúa.

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