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Opinión | LA COMEDIA HUMANA

Don Argüello, el melifluo ‘aludidor’

1. Sale el obispo jefe de la España aconfesional y, a la manera vaticana, o sea, dice lo que luego dice que no quiso decir sobre la banda de ladrones, pero que si se dan por aludidos, allá ellos. Unas decenas de corruptos y se pone en éstas. Es como si otro (mismo su Papa) dijera que los miles de pedófilos probados de la católica iglesia son una plaga; bueno, espera; que lo dijo, pero eso no le suscita reacción a don Argüello, que da testimonio cotidiano de la humildad de Cristo desde un palacio renacentista en Valladolid, con esmerado servicio de cocina, lavandería y limpieza a cargo de siervos del Señor; y es desde este dulce calvario arzobispal que surgen peteneras como ésta de don Argüello cada dos por tres también en los innumerables púlpitos de la España aconfesional. Sin contar lo de que el Papa acuda al parlamento del estado; otro ejemplo ilustrativo de la aconfesionalidad del estado, que es una aconfesionalidad con dos huevos duros colgando bien visibles.

2. Luego está lo otro, pero que es lo mismo a poco que mires: ríos de caudales públicos para la enseñanza «concertada» que le dicen, para que saquen más plazas para el cielo, aunque en la pública queden sin cubrir -y los edificios sin mantenimiento, para que den aún más pena. Pero amigo, aquí la clase media, aspiracional que dicen, está convencida de que sus crías saldrán lo menos jefes de negociado si van a colegio de curas o monjas, que son los más concertados del reino de las Españas reunidas jeiper más el estado confederado de Euskadi-. Tampoco los miles de casos de pedofilia arredran ni causan mayor temor ni escándalo a los papás y mamás que confían en que en su concertado no habrá plaga, sus hijos recibirán una educación de mayor calidad (disimulemos misericordiosamente la carcajada) y, lo que importa más a don Argüello SA, saldrán más almas para la iglesia, no se los vayan a adoctrinar con enseñanzas de derechos humanos y demás extravagancias.

3. Y en la pista de verano tenemos a don M. Rajoy, el sobrecogedor, redactando a duras penas sus crónicas de cuñado universal. Que un espécimen como éste haya sido ministro, presidente del gobierno, jalonando una biografía de calamidades en cargos de gestión pública que coronó de presidente de gobierno corrompiendo a media policía, y se la pase haciendo reír a sus hooligans cada verano exhibiendo su incuria intelectual, aliñada de racismo esta vez, es otra más de las facetas que añaden al reino una verbena inacabable, donde el más tonto progresa si echa a la empanada mental un buen chorro de corrupción. Y así todo bien revuelto, el honrado y capaz con el inútil pregonado y un buen coro de tunos bien pagados jaleando la copla de «los políticos todos iguales» para que el cuñadito español repita entre regüeldos de tinto con gaseosa: a la cárcel todos, que luego los jueces ya conocerán a los suyos.

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