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Opinión

Ultraderecha en Alemania

Que en el mundo actual esta ideología extrema está en auge es fácilmente constatable, basta con hacer una somera relación de los líderes que militan en ella

El gobierno federal alemán acaba de hacer público un informe de sus servicios secretos. Es importante destacar desde el principio que no es partidista, son funcionarios del Estado, muy cualificados, los que lo han redactado. En él se hacen afirmaciones que a algunas personas, entre las que me encuentro, nos parecen aterradoras. Voy a tratar de explicarme situando en el foco dos palabras: ultraderecha y Alemania.

Que en el mundo actual esta ideología extrema está en auge es fácilmente constatable, basta con hacer una somera relación de los líderes que militan en ella: Trump, Putin, Netanyahu, Marine Le Pen, Georgia Meloni, Sanae Takaichi, Milei, De la Espriella (recientemente elegido residente de Colombia), Kast, Bukele, Farage y otros muchos menos conocidos. Dado que estamos en España debemos citar a Santiago Abascal. Todos ellos abrazan ideas ultras, por el extremo derecho, y lo hacen con particularidades propias de cada lugar, pero con principios idénticos. El primero y principal es el odio, que se alimenta con sus discursos y acciones, así como con los miles de espacios intangibles en internet que recogen intervenciones de ideólogos, conocidos o no, que no dejan de echar gasolina al incendio. La diana está en el inmigrante, así, en genérico, y con más precisión: moros, chinos, ecologistas, negros, feministas, comunistas, islamistas, y cualquier otro que sea diferente y no comulgue con sus ideas. Dividen el mundo, los países, los barrios, entre quienes viven en cada espacio, en dos bloques: los nuestros y los otros.

Y ellos no tienen derecho a ocupar lo que consideran de su propiedad, ya sean bienes o derechos. Y es así porque sí, ya sea por motivos religiosos, el pueblo de dios, o por origen, muchas veces por raza, incluso por pobreza (las agresiones a indigentes sin techo siempre son protagonizadas por jóvenes ultras). Da igual que las razones que aducen para apoyar su ideología sean falsas, los suyos las creen, como la estupidez de que los inmigrantes vienen a quitar el trabajo a los nativos, afirmación que todos los estudios serios niegan y que los ultras defienden allí donde hay números de inmigrantes elevados o como en Belfast (Irlanda del Norte), que no llega ni al 1% de población no nacida en ese territorio. Y cuando se defienden estas ideas racistas o xenófobas la violencia no está lejos, idea importante, apuntada en el informe.

Y si hay un país en el que asusta el crecimiento ultra es Alemania. Los tres grandes conflictos bélicos de la historia reciente, la franco-prusiana de 1870, la Gran Guerra de 1914-1918 y la Segunda Guerra Mundial de 1939-1945, tuvieron a los alemanes como grandes protagonistas y siempre, siempre, por la idea de la gran Alemania, de la supremacía de quienes creían en la bondad de dividir al mundo en dos, ellos y nosotros, teniendo el nosotros germano el derecho a conquistar, aplastar, matar, a los demás. Y esta que acabo de escribir, que tanto asusta, no es una opinión, son los hechos los que nos demuestran como fue ese pasado. De los líderes que llevaron a Alemania a guerrear en Europa y en el mundo hay uno que produce especial terror: Adolf Hitler.

Ese aspirante a pintor, cabo en la Gran Guerra, austríaco de nacimiento y con el odio como motor de vida, llevó al mundo a la que es, hasta el día de hoy, la contienda armada más sangrienta con unas estimaciones de más de 60 millones de muertos, muchos de ellos gaseados en campos de concentración que solo se pueden entender aceptando que una locura colectiva se instaló en la mente de muchos alemanes que siguieron a aquel orate en su delirio de la superioridad de la raza aria y en el derecho de aniquilar a los demás: judíos, comunistas, polacos, gitanos, etc. Los alemanes que viven en la actualidad conocen este horror. Durante muchos años se ha ido haciendo en ese país una labor lenta, demasiado pensamos muchos, precisa, decente de divulgación. Su voluntad de superar aquella locura quedó plasmada en su participación activa, decisiva, en el nacimiento de lo que hoy es la Unión Europea, el intento más decente y políticamente valiente de superar las guerras.

A día de hoy la ultraderecha, especialmente identificada en AfD, Alternativa para Alemania, el principal, pero no el único, partido de esa ideología. Nacido en 2013 ha ido creciendo de forma muy rápida. Las encuestas vaticinan su entrada en varios gobiernos regionales, lo que será un paso previo para intentar formar parte del federal. En un informe de 2020, de la Oficina federal para la protección de la Constitución, anterior al que he citado al comienzo de este artículo, se afirmaba que una parte notable de este partido defendía ideas no compatibles con la ley fundamental de Bonn. El reciente informe de los servicios secretos insiste en la idea de que están organizados en grupos de tal manera que la ilegalización de una parte no afectará al todo. En la clase política se ha abierto el debate: ¿habría que iniciar un procedimiento de ilegalización de esta formación? Su constitución lo permite.

No todos los votantes de AfD son nazis, así lo creo, pero sí hay simpatizantes de Hitler en Alemania están en ese partido. Insisto: es aterrador.

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